Economista Descubierta

Alma Mater

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En mis esporádicos paseos por mi antigua universidad, maravilloso proyecto que Alfonso XIII quería inspirado en los campus americanos (inciso, lectura recomendable, la de Pablo Campos Calvo-Sotelo) salgo siempre deprimida y asqueada, no les digo ya si en alguna ocasión vuelvo a mi facultad, que si ya tenía layout de cuarto de baño, alicatada hasta el techo, ahora se ha convertido no en un baño, sino en una letrina.

La Complutense no se parece nada, no ya al proyecto soñado del Rey viajado ni al de Margarita se llama mi amor, y ni hablo de lo que pase dentro de las aulas, Bolonia mediante, sino de lo que deambula y se sienta en los bordillos, que el césped hace mucho que no da para tumbarse.

Se me enfadó el Twitter oficial de la Complutense cuando dije que me apenaba ver el campus lleno de chándals y tarteras y cuando contesté a una furibunda ignorante atroz que el pajarraco que quería demoler no era un símbolo fascista sino un cisne y que no estaría de más que se informara de la historia de su universidad. Se me soliviantaron y ofendieron sobremanera y me dijeron que la Complutense estaba llena de muchos y buenos estudiantes y que no hacía falta salir en ningún ranking para ser una buena universidad. Y la del cisne me hubiera querido llamar pedante, pero no supo.

Bien. Acepto que de entre todos los “chandalistas” arrastrando los pies alguno habrá que, entre botellón y huelga, estudie algo; que ya en mi época había mucha asamblearista de medio pelo. Aunque por aquel entonces no existía Decatlhon y llevaban todas una especie de “jerselines” de lana gorda sin blusa por debajo y no una sudadera con pelotillas. Aún así salieron unos cuantos de honroso expediente y aceptable colocación.

Siempre habrá alguno que destaque, por mucho que Bolonia y el Rector Magnífico se empeñen, pero reconozcan conmigo que la Complutense se lo pone difícil a los alumnos, más aun en este mundo donde lo que importa es la marca personal y la poderosa red de contactos.

Y si se pica y altera la Complutense y la furibunda atroz herida en lo más hondo del poco profundo charco de su ignorancia, será porque en el fondo les molesta. Como parece molestarse la cándida y dulce Rita, que ya no pilló la época del jersey de lana gorda, cuando dice que “prefiere no pensar en ello” ante la sola idea del trullo, donde también, mire usted por donde, van todos en chándal (sin tartera).

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