Yanis Varoufakis

La Gran Desconexión Griega

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Wolfgang Münchau sugiere que Grecia debería plantearse seriamente su salida de la zona euro. Yanis Varoufakis le responde.

En su última columna para el Financial Times, Wolfgang Münchau pone de manifiesto mucho de lo que yo he escrito antes sobre el coma profundo en el que se encuentra la economía griega, así como las razones por las que los inversores se están volcando nuevamente en Grecia. Sin embargo, Münchau viene a sugerir que Grecia debería considerar seriamente la posibilidad de salirse de la Eurozona. En adelante presento mi evaluación de su argumento. En resumen, expongo que, mientras que el análisis de Münchau da en el clavo, no es ni conveniente ni necesario para Grecia el uso de la “opción nuclear”; es decir, amenazar con su salida de la zona euro para forzar un cambio en Europa.

La Gran Paradoja Griega del día, es decir, la impresionante escalada en los activos de una nación más quebrada que nunca, no es ni tan grande ni tan paradójica. Existe, de hecho, una simple razón que explica por qué los inversores internacionales se están lanzando a comprar algunos de los activos de papel que ofrece el país (por ejemplo, los bonos recientemente emitidos por el estado y participaciones en algunos bancos). Lo anterior, a pesar de que el país está económicamente hundido y que su gobierno está cada vez más encaminado a la insolvencia a largo plazo que nunca. ¿Cuál es tal simple razón? La desconexión a corto plazo del valor de los activos financieros de la economía real griega.

Tomemos por ejemplo los 3 mil millones de euros de nuevos bonos de deuda emitidos la semana pasada. Esta nueva deuda se ha sumado a la ya existente de 320 mil millones de una economía en contracción y con un PIB nominal de alrededor de 180 mil millones. Sólo para dar servicio a esta deuda el año que viene (2015), el gobierno griego debe conseguir un superávit primario gigantesco del 12,5 % del PIB y utilizarlo todo para redimir la deuda (mientras que los griegos se encuentran inmersos en la miseria y sólo el 10 % de los 1,3 millones de desempleados recibe alguna ayuda). Teniendo en cuenta la insostenibilidad de la deuda griega, ¿por qué un inversor sensato compraría los nuevos bonos? La respuesta es, por supuesto, porque Berlín y Frankfurt han transmitido a los inversores que no hay nada de qué preocuparse. Y es que a pesar de que la deuda griega será reestructurada eventualmente con la misma probabilidad de que el sol se levantará por el Este mañana, el mensaje es que esta última emisión no se tocará. De hecho, a los inversores se les ha hecho creer que el Banco Central Europeo (BCE), a través del programa de compras monetarias directas (OMT), o algún otro pretexto y tal vez con la participación del Mecanismo Europeo de Estabilidad (MEDE), respaldará estos bonos. Lo mismo ocurre con los bancos como Alfa y Pireus que están inmersos en la morosidad: el Gobernador del Banco de Grecia ha indicado claramente que las pruebas de estrés y de garantía de calidad de activos no deben “ser demasiado estrictas para que no disuadan a los inversores”. Declaraciones de este tipo (pronunciadas por, dicho sea de paso, quien antes de ocupar su cargo en las oficinas del Banco Central griego fungiera como vicepresidente de Banco Pireus) sirven para animar a los inversores, prometiéndoles que las nuevas emisiones de estos activos estarán respaldadas por una especie de ceguera por parte de reguladores que no examinarán con demasiado rigor los libros de los bancos.

De ahí la Gran Desconexión que sustenta la Gran Paradoja en el centro de la actual narrativa griega:

  • Los bancos son insolventes, pero atraen una cantidad considerable de dinero de inversores internacionales.
  • El Estado es insolvente, pero, una vez más, los inversores están haciendo cola para prestarle dinero.
  • Mientras tanto, la inversión en la economía real es negativa, el crédito es inexistente, todo el mundo le debe a todo el mundo y nadie puede pagar sus deudas. Todo esto, al tiempo que el peaje de la deflación afea la sostenibilidad de todas estas deudas.

En su columna, Wolfgang Münchau expone su propia –y muy acertada— explicación a lo que yo llamo la Gran Desconexión Griega. Él sugiere que la estrategia de Berlín para finalmente declarar la victoria sobre la crisis griega (de manera no muy distinta al famoso discurso de Bush a bordo de un portaaviones en la costa de Irak) es simple: “vamos a generar una enorme burbuja de inversión financiera para que, eventualmente, el goteo de parte del dinero escurra a la economía real”. Por supuesto, como añade Münchau, “… haría falta una enorme una burbuja para conseguir eso… Lo que nos lleva de nuevo al problema fundamental: ¿quién en su sano juicio querrá realizar una inversión a largo plazo en un país con una deuda insostenible a largo plazo?”

En efecto, “nadie” es la respuesta. Es por ello que hace poco sólo hubo una triste oferta (de aproximadamente 85€ por metro cuadrado) sobre un gran terreno en la riviera de Atenas: el antiguo aeropuerto Hellenikon que el gobierno sacó a subasta para pagar algunas de sus impagables deudas. Es por eso también que incluso Gazprom no estuvo interesada en la compra de un monopolio de gas de un estado miembro de la UE. Es por eso que las empresas griegas están cerrando sus puertas y marchándose fuera. Y así sucesivamente.

La táctica del gobierno griego es confiar en la estrategia de la Nueva Burbuja de Berlín y aparentar que no existe esta Gran Desconexión; que la nueva burbuja (en precios de bonos y acciones) significa un crecimiento real –o una evolución segura hacia él. Münchau rechaza correctamente esta lógica, pero, ¿qué es lo que propone? Münchau sugiere que el gobierno griego (tal vez el próximo gobierno griego) contemple lo “impensable”: el incumplimiento total sobre toda la deuda exterior griega, la salida de la zona euro, una nueva regla de Taylor para el funcionamiento del nuevo régimen monetario que refuerce una meta creíble de inflación y una desregulación del mercado de trabajo que empuje la recuperación de la economía a una velocidad adecuada.

Münchau da en el clavo es en su valoración de que la política actual de inflar una nueva burbuja y confiar en el efecto del goteo no es una opción realista para Grecia. Lo que toca es que el gobierno griego entre en conflicto Berlín y Frankfurt para evitar muchas décadas de estancamiento y miseria social innecesaria. Los lectores habituales de este blog saben que estoy totalmente de acuerdo con Münchau en esto. Donde mantengo un desacuerdo con él es con la suposición de que la única alternativa, la única estrategia de confrontación disponible al gobierno griego, es la de levantar el campamento y salir de la zona euro.1 Dicho de otra manera, no veo por qué Grecia esté limitada al uso de esta “opción nuclear” cuando el mapa institucional de la Unión Europea permite una variedad de alternativas de negociación para intentar convencer a nuestros socios de la necesidad de una “conferencia sobre la deuda”. Cosa que el mismo Münchau acepta que cambiaría las circunstancias de forma considerable, pues haría que la economía griega fuera sostenible nuevamente (y que podría producir acuerdos útiles para Portugal, Irlanda, Italia, etc.).

Concretamente, Grecia puede optar por una estrategia de creciente presión sobre Berlín, Frankfurt y (la cada vez menos relevante Bruselas):

  • Podría comenzar con negarse a firmar los acuerdos sobre la Unión Bancaria (y está en su derecho a hacerlo) de la que, como Münchau bien sabe, Europa en general y Grecia en particular, pueden prescindir.
  • Luego podría decir que, hasta que no haya un alivio sustancial sobre su deuda, Atenas se negará a emitir nuevas Letras del Tesoro o bonos, e incluso podría negarse a aceptar el tramo pendiente de los fondos de rescate destinados a redimir los bonos comprados por el Programa de Valores de Mercado (SMP) del BCE.
  • Además, podría intensificar la presión aún más al negarse a aceptar cualquier extensión sobre sus deudas vivas con la “Troika” ; extensiones que Berlín tiene previsto ofrecer este verano en lugar de un verdadero alivio de deuda.

Que Grecia tiene el derecho y la oportunidad de desplegar estas fórmulas de negociación no hay duda. La pregunta importante, que Münchau y muchos otros podrían plantear, es la siguiente: ¿qué pasa si Berlín y Frankfurt no ceden? ¿Qué pasa si le responden a Atenas que se tire por un puente? El gobierno griego afirma que actualmente dispone de un superávit primario. Aunque dudo mucho que esta afirmación sea cierta, sospecho que un pequeño superávit primario puede ser logrado a través de algunos de recortes adicionales en el gasto y un apretón a los salarios más altos de los cargos públicos (sin afectar a los más bajos, a los pensionistas o las prestaciones sociales). Eso debería ser suficiente para permitir que el gobierno de Atenas pudiera cumplir con sus necesidades durante cualquier enfrentamiento con Berlín y Frankfurt a medio plazo, ya que el Estado griego no necesitará financiación ya sea del sector oficial o de los mercados de dinero. En pocas palabras, la respuesta a un “iros a saltar de un puente” alemán podría ser: “no vamos a saltar de ningún puente, nos quedaremos aquí, dentro del euro, defendiendo nuestra demanda de un alivio de deuda. Mirad cómo lo hacemos”.

Sin duda, Berlín y Frankfurt se pondrían furiosos. Lanzarían todo tipo de amenazas, incluyendo la suspensión de los flujos de fondos estructurales de Bruselas. Pero el verdadero campo de batalla estaría en la banca. Como hicieron con Chipre, donde amenazaron al gobierno con una suspensión inmediata del sistema de asistencia de emergencia de liquidez (ELA), también en el caso de Grecia amenazarían con desenchufar a los bancos griegos. Aquí hay que resaltar dos puntos importantes. En primer lugar, los bancos griegos ya no tienen ninguna deuda con del gobierno heleno, lo que significa que, legalmente, su garantía con el Sistema Europeo de Bancos Centrales no puede ser degradada. En segundo lugar, Frankfurt tendrá que pensar dos veces antes de emitir la amenaza de romper sus propias reglas al cerrar bancos griegos, ya que haciendo esto podría comprometer la totalidad del sistema bancario de la periferia en otro pánico en cascada. Ante semejante realidad, tengo buenos motivos para pensar que Berlín fuera más acomodaticia con el gobierno griego y mirara con mucha más ‘bondad ‘ la “solicitud” de una conferencia de alivio de deuda . Y si no es así y desean llevarse la zona euro consigo, dejemos que lo hagan ellos.

Epílogo

Wolfgang Münchau y yo estamos de acuerdo en la lectura de la situación actual: la economía de Grecia está kaput y la estrategia alemana de la Nueva Burbuja para reactivar el país producirá miseria innecesaria por décadas. Por otra parte, Berlín y Frankfurt nunca concederán cambios a esta estrategia a menos que Atenas se enfrente a ellos. La pregunta es: ¿qué forma debe tomar este enfrentamiento? Münchau considera que la opción nuclear de salir de la zona euro es la única. Yo sostengo que hay armas “convencionales” que se pueden emplear para que Alemania abandone su intransigencia irracional. Eso, o forzar a Alemania a tomar ella misma la decisión política del desmantelamiento de la zona euro. Mientras haya mecanismos legales dentro de la zona euro que permitan dar la batalla, no tiene sentido que sea Grecia la que de el paso al frente y asuma voluntariamente todas las culpas de la fragmentación de la moneda común.

“No estoy abogando por la salida”, apunta Münchau al final de su artículo, concluyendo con un buen recordatorio: “sin embargo, los votantes griegos y los inversores extranjeros deben tener en cuenta que Grecia está ahora en una posición en la que puede elegir”. No podría estar más de acuerdo. Lo que me lleva a concluir que, a fin de no lanzar amenazas que Atenas no está dispuesta a cumplir, la mejor opción para Grecia es el despliegue de una serie de vías de negociación a las que tiene derecho dentro del marco institucional y jurídico de la Unión Europea.


1Este desacuerdo entre Wolfgang y yo se remonta algún tiempo. Aquí un artículo al respecto de julio de 2013.

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