Economista Descubierta

El premio

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Se acordarán ustedes de una entrada titulada “Seis y medio” donde se me soliviantaban los del “bien” cuando dije entonces, y hoy me reitero, que 6’5 es una birria de nota. Con eso de que ahora hay inteligencias múltiples (“Listos para el polinomio, tontos para los recados“) estamos todos muchos más descansados y con nuestra autoestima consolada, que es lo que nos gusta, la tranquilidad y el “cinco pelao”.

Se me queja con razón un buen amigo de que su pobre hija, que es un primor de estudiante y saca unas notas fenomenales, no recibe en el colegio ni un mísero diploma o un simple reconocimiento. Según la maestrita, “para que los demás no se sientan mal”. ¡Ay! Por ser más tontos o menos trabajadores el premio se les da a ellos y al bueno le toca merda. Palabrita de la maestra sin oposición que no tiene alumnos sino clientes.

En el cole de mis hijos son por el contrario muy aficionados al diploma, no para todos, ya se lo digo, porque el año antepasado me dieron (y digo me dieron, porque servidora es la que se ocupa) el diploma del cuidado del uniforme y este año no me han dado res de res. Por lo visto, del cole de mis hijos te invitan a irte si no llegas a su estándar y qué quieren que les diga, me parece bien no confundir lo justo con lo conveniente, por inconveniente que sea para mí.

Mi inteligentísimo y superiorísimo ingeniero nos enseña, cada vez que tiene ocasión, su colección de medallas y estrellitas de mérito escolar y es que en Bajo-tu-manto-sagrado-mi-madre-aquí-me-dejó, su colegio, daban premios a los listos, a los tontos capones y a los regulares los mandaban a Melilla. Pero eso, a decir de los partidarios de la diversificación, en la edad escolar es fatal y antipedagógico y no fomenta más que el fracaso escolar. Por lo visto sólo en la edad escolar, porque hoy me he tragado una charla sobre “gamificación” en la cual me he enterado de que se aprende mejor a base de premios y retos. Reto, repetir y premio. ¿Les suena? En el colegio no, pero en la vida real, resulta que sí.

Y no será porque yo pueda presumir de lista listísima, aunque he conseguido unas becas fenomenales y les agradezco mucho haberme pagado el IESE, entre otras cosas. No tengo una inteligencia múltiple, sino descompensada, a saber: soy absolutamente incapaz en determinadas cosas (las relativas a los números y la orientación espacial o la creación artística) y soy bastante apañada en algunas otras.

Pero jamás me sentí dolida en mi autoestima porque la matrícula de honor en dibujo técnico y matemáticas se la dieron a quien se la merecía, o porque en el papel de Virgen María en la función eligieron a la rubia de la clase, que para eso además de ser rubia era alta y guapa.

Y como en aquella entrada me remito al modelo deportivo, el de la única élite que se admira, el del gladiador moderno, donde al metegoles vestido de click de Famobil se le encumbra y pone como ejemplo.

Si tienes la suerte de tener un hijo estudioso y trabajador y la desgracia de caer en un colegio de esos lo más probable es que todos, incluido el estudioso, terminen fracasando, porque no sé si a ustedes les decían eso en el colegio de “regular es peor que mal”.

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