Economista Descubierta

Persigue tu sueño, carta de motivación

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La Economista Descubierta

Me enfrento por primera vez en mi vida a la redacción de una carta de motivación american style que me distinga de por vida y haga que me elijan a mí y no a otra para una nueva actividad de esas que yo encuentro en mi afán rastreador. (Si alguno llegó a este Sitio Tan Sesudo procedente del viejo blog quizás recuerde que hace tres años también me empeñé en algo parecido).

Y no he escrito en mi vida ninguna loa personal por muy buen concepto que tenga de mí misma. Desde ya estoy pensando contratar a un negro que me la redacte, a lo mejor algún postulante de MBA del IE, cuyos alumnos son todos extranjeros y han preparado mucho sus candidaturas.

Digamos que yo, siempre que he querido una cosa, me he buscado las vueltas para conseguirla. Cierto y verdad es que las cosas que yo quería no las quería todo el mundo aunque finalmente siempre se terminaron por poner de moda. Así, en primera convocatoria he ido consiguiendo premiecitos y mencioncitas de cosas que en su día no conocía ni su padre y hoy son bastante inalcanzables o ya no existen.

Podría también decir que, naturalmente, fui delegada de clase, decana del Consejo Colegial, miembro de todo club universitario que se preciara, novata de oro, asociada ferviente y miembro de la junta directiva de Asociaciones Varias. Deduce el coach que tengo madera de líder y debo potenciarla.

Repaso mis logros y, como los personales no sirven, tampoco puedo decirles que a lo mejor he conseguido premiecitos y mencioncitas pero me han dado calabazas más de una vez y he llegado a todo tarde y empobrecida. Los fracasos personales podrían verse efectivamente como fértiles (el dolor fértil, que le llamaba un novio que tuve hace mucho) pero en el fondo de mi corazón y mi bolsillo me duelen como pérdida de tiempo, de papeles y, sobre todo, por no haber conseguido conquistar a la persona querida. A mí me habrán dado más de un premio, pero también me han dejado colgada un sábado por la tarde llorando como una magdalena. Y me entristece más lo segundo que alegra lo primero.

No soy capaz de hacer una carta de motivación para decirles que deben elegirme a mí sino presentar una serie de méritos puntuables y coleccionados. Una serie de diplomas, títulos y exámenes que lo único que prueban es que han sobrevivido a varias mudanzas y que me importan más de lo que digo.

Necesito escribir una carta o un essay o como quiera llamarse y no sé cómo hacerlo sin que quede ridículo ni escrito por mi abuela, ni lleno de lugares comunes y alabanzas estúpidas.

Mucho me temo que esta vez no me la van a dar. Se admiten sugerencias e incluso aportaciones voluntarias.

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