Economista Descubierta

Matar no matan

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Debo ser la única que todavía duda que Bretón, el de los ojos perdidos, haya matado a sus hijos. Yo creo que nadie mata a sus hijos premeditadamente, aunque no tengo dudas de que cualquiera pueda llegar a hacerlo en un ataque de cólera.

Y es que aunque en España matar sale casi a cuenta, y si no que se lo digan a Bolinaga o al Rafita, sigo pensando que lo mismo el hombre es inocente por muy perdida que tenga la mirada. Eso sí, si en lugar de matar hubiera sido robar, aunque fuera un mechero, así sí que ya no tendría dudas. Ni de éste ni de ninguno.

Y es que matar no matamos, pero a robar no hay quien nos alcance. Somos un hatajo de malandros y producimos lo que somos. Antes con el estado central y ahora multiplicado por 17, o por lo que haga falta. Me da igual que sean 800 euros en Lacasitos, el impecable destino de las hijas de Bono o Zaplana o los EREs de Lady Aviaco, como pone en los contratos que redacto, “entre otros, y sin limitarse”.

Me da igual. Nada hace mejor al anterior y el grado es lo de menos. El que es ladrón es ladrón y cuando roba poco es porque no tiene ocasión de robar más.

Pero yo soy una antipática que voy dando lecciones a la gente y no me he leído ni puesto en práctica “Las 48 leyes del poder” ni “El cortesano”. Debe ser porque cortesana siempre me ha sonado a puta y ya saben que es la única dedicación donde están peor vistas las profesionales que las amateur.

El problema, por lo visto, lo tengo yo, que soy poco relacional y demasiado directa, y  que siempre tengo la última palabra, que, además, suele ser algún tipo de corrección o puntualización.

El problema lo tengo yo, que doy lecciones y mi sola existencia les recuerda al resto su triste origen y su advenedizo e inventado presente.

El problema lo tengo yo, porque soy pedante y disimulo fatal el desprecio intelectual y se me da fatal fingir admiración cuando lo que siento es bochorno y vergüenza ajena.

El problema lo tengo yo, que digo muertos y no fallecidos y enchufados y no recomendados. El problema lo tengo yo, que digo que un 6,5 es una mierda de nota, que la diversidad de género es una gilipollez, además de una mentira grandísima, y que si la Filantropía no desgravara no daba limosna ni su padre, o  que el coaching es una superficialidad y una tontuna para ignorantes. A saber, la mayor parte de la gente, que no sabe hacer la o con un canuto, escrita, eso sí, con caligrafía infantil y faltas de ortografía y que en general, y con la excepción de unos cuantos que bien cabrían en un taxi, tiene un desconocimiento prácticamente absoluto acerca de casi todas las cosas.

Por decir algo.

El problema lo tengo yo, que veo lo que todos, pero llamo a las cosas por su nombre y no las dulcifico. En lugar de ponerme a dar puntadas con hilo para prepararme un futuro lleno de favores debidos y pagados, con el dinero de otro, por supuesto.

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