Economista Descubierta

La zona de confort

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Salgo bastante a disgusto de la requetedemoda zona de confort, porque por mucho que digan los del “reinvéntate y atrévete a pensar distinto”, la zona de confort es de suyo calentita y agradable.

Mi zona de confort se acaba en la M-30 y cada vez que me expulsan al extrarradio me solivianto y desorganizo mentalmente.

Pero el cambio de trabajo me ha enviado esta vez a la economía real, que es un sitio donde yo vivo pero nunca he trabajado. Digo que vivo, porque si analizar la factura de Mercadona no es economía y no es real, que venga Dios y lo vea, pero servidora ha vivido casi toda la vida en sitios más o menos elegantes, y salir con botas de agua se le antoja, como mínimo, diferente.

Pero ahí estoy yo redescubriendo mis neuronas y no para adivinar las relaciones de poder y celos, ni las de territorios y hembras alfa, sino para aprender cosas nuevas, que ya saben ustedes que a mí todo me abre carpetas.

Finalmente, las relaciones humanas y los motivos famosos son siempre los mismos por mucho que los coaches certificados vengan ahora a pintarnos icebergs del año 59. Se leen ustedes “Pequeñeces” y se hacen una idea, que yo llevo muchos años observando suicidas laborales, supervivientes natos y pelotas ejemplares.

Servidora fue de las primeras, pero los siete años de destierro me dieron para mucha reflexión y retrospección.

Ya estoy mayor para tratar de adivinar y, de nuevo, espero que me juzguen por la tarea, porque no pienso significarme lo más mínimo, aunque asumo los celos que siempre termino por despertar, queda mal decirlo, pero debo dar mejor imagen percibida que la real.

Que los cambios cuestan es sabido y que lo malo conocido es conocido y lo conocido, cómodo es de Perogrullo, pero que me funciona el magín para entender negocios y productos no lo esperaba yo. Y ahí me tienen, leyendo manuales y buscando las famosas carpetas del IESE. Esas que decoran tanto como estorban y que si no se tiran es porque da dolor de corazón.

Verdaderamente el Recurso Humano y sus cosillas son la clásica cosa que cuando uno tiene ni valora ni aprecia y además le parece un coste terrorífico y cuando no tiene demanda como maná salvífico.

Pues hala, a recuperar esquemas pre transformation y a convivir con modelos no offshorizados ni externalizados. A volver a imprimir como en los viejos tiempos y volver a inventar la rueda.

Y como dice C.W. entre que te lo has aprendido y ya has detectado a los gilipollas, han pasado tres años pensionables.

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