Economista Descubierta

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No tengo ya demasiado trato con funcionarios, pero vengo de una familia donde, con la historia esa de que no somos fenicios, el que no era juez era fiscal y el que no, notario o médico. Nunca fui demasiado consciente del ascensor social que permitía el sistema de oposiciones y el salto cualitativo que permitía dar a cualquiera, siempre y cuando cabeza y codos le acompañaran.

Y digo que nunca fui consciente porque siempre viví en ese sistema y no tenía criterio de comparación ni edad para hacer análisis y, después, cuando lo dejé de frecuentar, nunca más volví para comprobar cómo se había transformado.

Y el otro día en una cena, en una cuchipanda de esas de sufragistas con tiempos para merienditas, me encontré con que ese mundo, no sólo sigue existiendo, sino que se ha poblado de ascendidos, gracias, de nuevo, a cabeza y codos. Ascendidos que en el sector privado no pasarían de la primera entrevista. Se lo digo yo y sé de lo que hablo.

Si no de qué me van ustedes a decir que pinta una que se llama Soraya siendo abogada del estado. Ascensor social por mérito y Soraya como indicativo claro de la procedencia de la ameritada.

Nunca antes había coincidido en ningún acto con tanta abogada del estado ni tanta juez, ni tanta registradora junta. Servidora trabaja en el otro mundo, donde se llega por casualidad, por mérito, por suerte, por caradura, por enchufe, por herencia, por todo lo anterior o por nada de lo dicho.

Después de las preliminares y frívolas conversaciones sobre marmotas y colegios, que dan mucho de sí, pasaron casi todas a contarme que eran abogadas del estado, jueces, fiscales e incluso letrados de las Cortes, y que aún así, no les habían ni concedido entrevista en el colegio pretendido. (Me consta que letrado de las Cortes es dificilísimo, porque tengo un vecino que lleva sin ver la luz del sol varias décadas y por lo visto todavía no las convocan).

Y la verdad que no fue el mérito lo que me impresionó, sino el reconocimiento absoluto de que el ascensor social seguía funcionando, y aquellas meritorias Cuerpos Superiores Grupo A todas ellas, eran todas la clásica estampa sacada de Cuéntame, con uñas rosas anacaradas y anillos finitos que cogía fenomenalmente unos apuntes pasadísimos a limpio y sacaba tantas matrículas de honor como asignaturas.

No sé en qué va a quedar el Estado y su estructura cuando terminen de vender por partes lo que se pueda, regalar el resto y quedarnos sólo con lo inútil, que es donde tenemos colocados a los yernos y cuñados; pero la desaparición de la estructura mínima imprescindible nos va a dejar también sin la posibilidad de promoción social del que no tiene dinero, ni gusto, ni capital social, ni erótico, ni ningún otro pasaporte a la fama salvo codos y cabeza. Por mucho que lleven un pelo insufrible, uñas anacaradas y anillos finitos o unos trajes horrorosos debajo de la toga. Y no les admitan al niño en el colegio porque no les impresiona nada su Grupo A y su recortado salario. Habiendo futbolistas, hombre ya, vamos a querer funcionarias de medio pelo…

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