J. Bethencourt

El Juez Bermúdez y el papiamento

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West Indies Map

Mapa: Antillas Occidentales (Wikimedia Commons: Moll, H., A New and Complete Atlas, c. 1720.) Haga ‘clic’ para agrandar

El papiamento es la lengua que se habla en las Antillas Neerlandesas. Nacida de un mestizaje entre el español, portugués, neerlandés e inglés, y con una fuerte sazón africana, el papiamento (parlamento) es la lengua oficial de Curazao, Aruba y Bonaire. Si usted es catalán (o valenciano) y visita las islas, se sorprenderá al ser recibido en Willemstad a la puerta de un banco, de una tienda o de un despacho de abogados, con un cordial y cálido ¡Bon dia! Eso es papiamento.

En papiamento y en inglés están escritas las reglas de operación de los negocios en el Caribe, en especial los turísticos. Son idiomas imprescindibles para cualquier empresario del ramo. Si usted aborda, por ejemplo, un crucero, el buque tendrá una variopinta tripulación con decenas de nacionalidades diversas (chilenos, norteamericanos, ingleses, portugueses…), e igual que el personal serán los papeles que hacen a la empresa armadora: una nave con documentación panameña financiada por un banco de Londres, operada por personal de una contratista dominicana, con un casino domiciliado en Bahamas y un contrato exclusivo de comercialización de un tour operador americano. Todo con suministros off shore a cargo de una consignataria de Channel Islands. Así son en el Caribe los barcos, los hoteles e incluso los restaurantes; una nacionalidad para cada necesidad.

Las empresas españolas han tenido en turismo en América un buen desempeño, porque se han adaptado perfectamente y han sabido incorporar su “modus operandi” a las reglas de juego de la zona. Gustará o no el modelo de negocio, pero es el que hay y ha funcionado, y los españoles son hegemónicos en el “all inclusive” hotelero (en cruceros, tristemente no somos nadie, aunque tengamos astilleros muriéndose de hambre). Los españoles se saben las reglas y las practican: compraron terrenos en la República Dominicana a una empresa domiciliada en Antigua, por medio de un fideicomiso (trust) de un banco inglés con seguro de título norteamericano. Contrataron el proyecto hotelero a un despacho de arquitectos en Mallorca, pero encargaron la gestión de los permisos de dicho proyecto en Santo Domingo a una empresa de Miami que cobraba en Aruba. Contrataron una edificadora española con filial en Panamá y trajeron los muebles y el piso de Alicante. Por fin, abrieron el hotel con mil empleados locales, a los que pagan por medio de una empresa “gestora de nóminas”, eso sí, se trajeron 100 españoles para los cargos de confianza, los empleados del corporativo, de la “sede”. Los empresarios españoles aprendieron idiomas; hablan inglés y papiamento, crearon empresas para cada necesidad y siguen las reglas de juego. Triunfan.

“Empleos por efecto sede”. Son los españolitos que salen del país como ejecutivos ganando decenas de miles de euros gracias a las Telefónicas, los BVA, los Meliá y empresarios como los Ferri. Son los ejecutivos afortunados que mantienen sus familias en España y se mueven en la clase ejecutiva de Iberia día tras día, atravesando el Atlántico para crear negocios fuera y ayudar a dar de comer a este país. No, no son los 700.000 que con nuevas maletas emulan la casposa España franquista de la emigración, son la cara optimista de España.

Nuestro problema, el problema endémico de España, son nuestros funcionarios públicos como el juez Bermúdez, como Zapatero, como Rajoy, como la Botella. No saben lo que les dicen cuando les hablan en inglés, y a lo que más aciertan es a decir “yes, yes”, aunque les hablen de su santa madre. No saben leer en inglés, menos papiamento, por eso los errores de bulto.

¿Sabrá el Juez Bermúdez algo de doble imposición en República Dominicana, del impuesto al activo en México, de utilidades retenidas en Cuba? ¿Sabrá el Juez Bermúdez cómo se expatría un beneficio por depreciación acelerada, cómo pagarle a un arquitecto español el diseño de un hotel en Nicaragua, cómo obtener un uso de suelo en México, cómo hacer llegar jamones para los turistas en La Habana, cómo “resolver” la detención de un cliente por un problema al volante de un coche alquilado en Venezuela? ¿Es posible tener empresas en el exterior sin utilizar los mecanismos que todos los demás utilizan para solucionar cuellos de botella, optimizar costos y extraer utilidades? ¿Ha constatado el juez Bermúdez el valor del imperio económico que puede hundir por sus ligerezas, confundiendo peras con manzanas?

El juez Bermúdez no lo sabe o no quiere saberlo. Quiere cambiarles las armas a nuestros empresarios y volver a los pretéritos tiempos del gallego emprendedor dueño de pensiones o al asturiano sentado en la silla de su tienda abarrotera. O peor, nos quiere como el gobierno, de emigrantes de maleta de cartón en cabina de tercera.

Lo que le faltaba a uno de los pocos sectores que todavía se defiende, como lo es el turístico, es que le saliera un paladín populista e ignorante de las reglas. Acabará con él a favor de que se instalen los de fuera, jugando las mismas reglas que el Capitán Trueno de mi infancia, dando espadazos a mansalva, a la voz de ¡Santiago y cierra España! sin preguntar antes de qué va la película. Al final tendremos hoteleros que hablan alemán, como ya tenemos coches en alemán (tuvimos españoles), grandes superficies en alemán (tuvimos españoles), farmacéuticas en alemán (tuvimos españoles)… Está claro que tenemos figuras mediáticas a las que les gusta chupar cámara al costo que sea, aunque no sepan de lo que hablan.

Ni el rey entiende papiamento cuando grita ‘¿por qué no te callas?’ a un jefe de estado, ni Botella entiende papiamento cuando en patético inglés ofrece “café con leche”, ni Bermúdez entiende papiamento cuando procesa a un exitoso grupo empresarial, líder en un sector en Latinoamérica, por crear una estructura empresarial off shore para explotación del negocio turístico, sin analizar que es una estructura gemela IDÉNTICA a la del resto de TODOS los operadores de exportaciones, llámese Santander, Telefónica o Riu, si son españoles, o Volkswagen, Mediamarkt o Tui, si son alemanas.

Para el conocimiento del Juez Bermúdez, los inversionistas españoles estamos siendo convertidos, estos días, en “La Mafia Española” en los titulares de la prensa aquí en México. Gracias.

* * *

Esta pieza de opinión nos fue remitida por J. Bethencourt, un empresario español retirado en México.

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3 comments
faustino
faustino

Desde luego es muy dificil que en un parrafo como el que ha escrito, se puedan volver a reproducir tantas barbaridades. Sera por esa defensa de comportamientos mafiosos que en Mexico nos llaman asi?.