Economista Descubierta

Chipre

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La Economista Descubierta

Estuve en Chipre hace siete años con una beca de estudios, una de esas becas que probablemente ya no existen y que tampoco tenían ninguna razón de ser, estudiando durante dos semanas el sistema de Formación Bancaria chipriota.

Ahora me da hasta vergüenza reconocer que fui agraciada con la tal beca, aunque el país me fascinó y me tomé en serio el estudio de las certificaciones y formación profesional que utilizaban.

Me chocó, casi tanto como la división de la isla, la absoluta sindicalización de los empleados bancarios, que pertenecían todos a un sindicato único, y que estaban, en palabras de mi antiguo jefe “a convenio pelao”. Ascendían por trienios, tenían complementos antiguos, y en lugar de estar en Chipre, parecía que estaban en el Banco Zaragozano, por decir algo.

En Chipre, además, había muchas cooperativas de crédito, similares a las cajas rurales, y el que no era sindicalista, era cooperativista o las dos cosas a la vez. Me fascinó el país y me sorprendió el sistema, porque Chipre está al lado del Líbano y sin embargo los chipriotas se consideraban ingleses muy a su pesar.

Volví entusiasmada ante semejante descubrimiento patrocinado, y ni que decir tiene que cuando volví me dediqué a leer sobre Chipre todo lo que cayó en mis manos, sobre todo menos sobre el sistema bancario, que a pesar de que me había absorbido dos semanas, se me antojaba menos interesante que todo lo demás.  La división del país, el exilio en el propio país, la presencia turca, que sólo parece dolerles a ellos, visto que el resto de Europa clama más contra Corea del Norte que contra la invasión de Chipre.

No tengo ni conocimientos ni criterio para entender del todo lo que pasa, y lo único que me consuela es oír a Toribio un par de veces al año, reconociéndose igual de despistado. Mal de muchos, epidemia.

Supongo que las consecuencias inmediatas serán, como llevan siendo los últimos años, empeoramiento de la situación cercana, aunque el enfermo esté lejos y parezca que su dolencia no es la nuestra.

Y se me ocurre que el final de la Unión Europea está más cerca de lo que pensamos. No sé ni cómo ni cuándo, ni cómo se desmonta la Eurocosa, pero tengo la sensación de que nos invitarán a irnos por parejas; nosotros y los portugueses, los griegos y los chipriotas; en fin, los fronterizos alejados, que por lo visto nos habíamos colado en una fiesta, siente usted un pobre a su mesa, a las que no estábamos invitados.

Tengo la impresión también, de que, como los desahuciados, perderemos la casa pero no la deuda, y que si Mallorca ya era alemana, Paphos será mucho más inglesa, si es posible.

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