Economista Descubierta

Catálogo de servicios

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Los teóricos del Recurso Humano, que elaboran teorías como yo rosquillas, gustan ahora de decir que, dado que las relaciones laborales han cambiado, (desde la Ley de la Silla, un poquito sí, la verdad) todo son “intercambios”, concepto  que me suena a sexo en una cuneta, la verdad.

Y ahora los candidatos no te ofrecen experiencia ni conocimientos, sino “catálogo de servicios”. Vamos, como la joyera a plazos que venía al Sitio Elegante a vender imitaciones de Pomellato y desplegaba su muestrario enrollado en un terciopelo verde.

Tengo un amiguete job seeker de esos que se ha quedado sin trabajo por suicidio laboral y listillo sin fronteras que anda perdido en busca de coach y orientación. Mi amiguete es buena gente y debe ser hasta buen profesional, pero le fallan las bases mínimas imprescindibles y acude a mí porque me cree buena gente, el pobre, en su ignorancia.

Así que vino en busca de consuelo y consejo a presentarme su discurso “jobseekeador” y, naturalmente, desoír mis sabios consejos.

Vino a contarme, amén de la tontuna esa del “me divierte” que me recuerda muchísimo al “menudo aburrimiento” de mis hijos, su catálogo de servicios y su teórico valor de mercado para “transaccionarse” por pedazos o comisiones, según el caso.

Su catálogo de servicios que, curiosamente, coincidía mucho con su experiencia era de una pereza inenarrable, pero eso sí, a él le parecía muy divertido, porque si no se apasiona por lo que hace, no se divierte nada, y de momento por lo visto no quiere trabajar sino divertirse.

Y es que catálogo de servicios suena a Instituto de Belleza de barrio o a peluquería de esas que te cobran una cosa por lavarte el pelo y otra por secártelo, o peor aún, a servicios de prostitución por partes, masaje con final feliz o plato combinado manipedi.

Le pregunté si tiene tasado el arancel que cobra por los servicios del catálogo, factura por hora o por servicio o le gustaría seguir ganando un sueldo. Por lo visto, y de momento no necesita trabajar, porque su diversión y su pasión pagan sus facturas y sus recibos.

Afortunado el que aspira a divertirse por catálogo. Yo, desde luego, si les digo lo que soy capaz de hacer por dinero, les hago un servicio y un completo.

Completo ridículo, quiero decir, que ya saben que a estas alturas del campeonato, no somos nadie, y en bikini, mucho menos.

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