Economista Descubierta

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La Economista Descubierta

Se lo crean o no, servidora todavía araña algún tiempo para ir a alguna conferencia o charlita, incluso sobre el Recurso Humano en sus distintas facetas. Y la verdad es que más me valiera irme a dar las mechas en lugar de perder la tarde escuchando a según qué ponente.

Y es que en este trabajo en el que me desempeño, el que no es sádico es un casposo o peor aún, un cursi; y el que no, un indocumentado con ínfulas de conocimiento profundo. Y luego estoy yo, que lo que soy es pedante, y que hago esto porque no sé hacer otra cosa y en España es misión imposible salirse de un sector, y porque mi padre no era farmacéutico, que llega a serlo y me saco yo la Botánica aunque me hubiera costado sudar sangre. Vamos, que a día de hoy, preferiría despachar aspirinas que aguantar la estulticia que me rodea.

Así que me voy a una charla de esas de cómo hacer tu currículum y moverte en las redes sociales y cómo conseguir que el Consejero Delegado se fije en ti y te invite a una copa, digo te ofrezca un puestazo. Y me encuentro a la Verdadera Hija de Tamara 2.0 que tanto nos dio que hablar en el extinguido blog.

La Verdadera Hija de Tamara había llegado al Recurso Humano por la vía de la casualidad y la psicología light. Por supuesto, se consideraba coach y capacitada para aconsejar.

Del enemigo el consejo, y nunca mejor citado, porque a la Verdadera Hija de Tamara nadie le había dicho que en una presentación no se puede decir “jolines” ni mucho menos repetirlo varias veces. No sé si se estarán preguntando si conviene o no poner el estado civil o la foto. Si está usted casada y tiene hijos, mejor no lo ponga. Y si está soltera y tampoco los tiene, pues tampoco. Pero, sobre todo, no diga “jolines” porque es feísimo.

Lo siguiente que la chica no dijo, porque por lo visto para ella no era obvio, es que (y esto lo he sacado de Internet) hay tres cosas que dicen la verdad, a saber: los niños, los borrachos y los leggins. No se pregunte si le discriminarán por su código postal, que ya le avanzo que sí, sino si va correctamente vestido o se ha embutido en una funda de almohada. Por no hablar de las uñas anacaradas y los anillos finitos (muchos anillos finitos). No se puede superar una entrevista de trabajo vestida de quiero-estar-buena-pero-soy-una-cateta-y-marco-culo.

Lo siguiente que no puede hacerse, según ella, es mentir. En eso tiene razón la chiquilla, mentir está feo y suelen terminar pillándote, sobre todo, en los idiomas. Como dice C.W., la mayor parte de las veces que la han entrevistado en inglés sabe ella más que el entrevistador. Citando a C.W.: “el resto de la entrevista transcurre entre la risa y el bochorno”. Por cierto, para todos los que se presumen bilingües les solicito un buen sinónimo para “bochorno” en inglés.

Lo que la chica dijo, y en eso también tenía razón, es que hay que tener cuidado con la presencia en las redes sociales y el rastro dejado por los mentideros. Y es que no hay como haber desertado del arado para eliminar todo rastro del pasado, no vaya a ser que te descubran como inventora de perfil deseable y te recuerden que mejor te dediques al negocio familiar, a saber: una panadería, negocio que está más que de moda y al que todas las pijas se quieren dedicar.

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