Economista Descubierta

Sufragistas con tiempo para merienditas

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El otro día tuve una reunión con una especialista en cuestiones de género (será posible que yo tenga que dedicarme a esto con la de ampollas que me levanta) que me contó que, por muchos estudios y medidas que se hayan implantado, la situación no ha mejorado y que los prejuicios culturales acerca de la diferencia de sexos (géneros, dijo ella) no han remitido.

(A lo mejor es que no pueden remitir porque hay de verdad alguna diferencia). La verdad sea dicha, yo conduzco de pena y no tengo ningún interés por hacerlo mejor, le doy la vuelta a los mapas y soy de letras. No soy rubia, pero si hace falta, me tiño, faltaría más. Dicho lo cual, no tengo ningún interés en ser contratada como conductora ni en reparar motores, así que no me preocupa que el prejuicio coincida con la realidad.

El caso es que la facilitadora me ha convidado a una comidita de esas de mujeres por el género, la cuota y la discriminación positiva y me he ido a un evento exclusivamente femenino, como quien va al zoo o al oceanario. Vamos, por puro interés antropológico.

Dicho sea de paso, a mí los “espacios” sólo de mujeres siempre me han dado alergia, desde los colegios de monjas hasta las comiditas de sólo chicas (La verdad sea dicha, sólo existe una excepción, que es el gimnasio, que está muy bien que sea segregado) así que vuelvo de la comidita entre el miedo y la esperanza y, sobre todo, muy descorazonada del percal patrio o matrio, si les gusta más. Y no es porque yo vaya de hembra alfa por el mundo, y no soporte a ninguna potencial enemiga en mi entorno. Es porque me parece artificial y además un coñazo simplista y sin futuro.

Y es que todas estas cosas sólo sirven para corroborar que somos (y probablemente no seamos capaces de ser otra cosa más) un país subdesarrollado y atrasado, que está de ida cuando los demás ya están de vuelta.

Y en esto de las sufragistas de la cuota está claro que estamos de ida cuando el resto ya hace mucho tiempo que, estafadas como estaban, se dejaron de pretensiones imposibles e irreales.

Es curioso señalar, además, que la brecha entre las mujeres es cada vez más notoria por mucho que se empeñen las de los observatorios. Veo pasar a las niñas de los Institutos dividas entre el velo y las botas de militar. No es aquí donde se debía librar la batalla de la igualdad, sino en el Moro, con el que por cierto, nadie se atreve.

Me cuesta encontrar el modelo femenino en cualquiera de los formatos de lo que se viene encima. Y me cuesta mucho más encontrarme entre las activistas de la jerga política, la cuota, el lenguaje de género y la manifa vestida de morado.

La Economista Descubierta en blogspot.com

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