Economista Descubierta

Pam

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La boticaria de mi barrio dice que no ha vendido tanto Lexatín como en este último año. Lo dice la boticaria y yo lo he oído en la tele. Así que si no es verdad, es una mentira repetida camino de hacerse verdad.

La verdad es que el Lexatín es agüita de la fuente al lado de otros muchos fármacos terminados en -pam, sean clorazepam, diazepam, lorazepam, ketazolam, o el que sea. El caso es que termine en -pam y la dosis sea mayor que 1,5. Sí señor, yo me automedico y me tomo los lexatines como si fueran ositos Haribo ¿qué pasa?

Vamos, como para no tomárselos. Y si se guardan fuera del alcance de los niños es, sobre todo, para podérselos tomar una cuando le dé la gana. He pasado del Katovit de la prometedora estudiante al -pam de la angustiada empleada venida a menos en plena crisis de liquidez.

Pero, que quede claro, ansiolíticos sí, pero antidepresivos no porque para antidepresivos ya está irse de compras (cosa que ya no puedo hacer) e incluso tomarse un par de gintonics y muchísimas aceitunas. O puede uno hacer terapia, coaching, psicología light o, si tiene tiempo y dinero para perder, hasta hacerse el psicoanálisis con sesiones de a 90 euros la hora de 50 minutos tres veces a la semana durante varios años. Y porque yo no estoy deprimida, sino angustiada, y para la angustia instalada en el estómago, no hay como un buen fármaco terminado en -pam a ser posible 3,0 en lugar de 1,5.

La verdad es que yo siempre he conseguido que me los receten, no con receta de no pagar, sino con receta de despachar, a saber, la que autoriza al farmacéutico a darte la pastillita bicolor previo pago de su importe y que tú te tranquilices con el sólo tacto de la cajita guardada en el bolso. Lo mejor del -pam no es tomárselo, sino tenerlo. Porque para la angustia anticipatoria no hay como la certeza del blíster repleto de capsulitas terminadas en -pam para descanso del alma atormentada.

No se me enfaden los médicos ni los boticarios, caso que haya alguno entre los seguidores del Alsa y lectores de la Economista. Que yo no estoy recetando a nadie, ni mucho menos recomendando que se adhieran a la liga pro -pam, y que ya he anunciado que me automedico e incluso trafico un poco con los lexatines (o mejor dicho, traficaba, porque C.W. ya se ha ido y por lo visto en su nuevo país los medicamentos los despachan sin recetas, da igual que sean pastillas para estudiar, para dormir o para adelgazar).

Pero sí. No soy un ejemplo de salud pública, porque paso de lactancia materna, fumo lo que me permite el bolsillo, bebo cada vez que salgo (salía) y cuando se me instala la angustia en el estómago, me aprieto un Lexatín y me encomiendo al Santo del Día, costumbre gratuita y olvidada que desde aquí les recomiendo.

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