Jorge Suárez

Mitología griega y la espada de Damocles

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Imagen del cuadro de Richard Westall, Las Espada de Damocles

"La Espada de Damocles" de Richard Westall (1812)

En la leyenda griega, Damocles anhelaba con cambiar lugares con el tirano Dionisio de Siracusa, y cuando finalmente lo logró se dio cuenta de que tan “privilegiado” asiento tenía encima una enorme espada que apuntaba sobre su cabeza, colgando sólo del pelo de un caballo. En forma análoga, los griegos modernos han aceptado un pacto fatal, a sabiendas de que –más temprano que tarde- ese pelo será incapaz de resistir el descomunal peso que de él pende. Como siempre ocurre, el principal verdugo de toda quimera es lo evidente, en esta caso, la fuerza de gravedad.

El muy celebrado acuerdo entre la troika europea (Comisión Europea, Banco Central Europeo y Fondo Monetario Internacional) y el gobierno griego lejos de resolver el problema condena a Grecia a perecer inmisericordemente decapitada.

Dejemos claro que Grecia no es una inocente víctima, pues está padeciendo las consecuencias de una década de corrupción, populismo y engaño. Pudieron aprovechar su acceso a una moneda dura y a cuantioso crédito a costos que nunca imaginaron para modernizarse, para construir infraestructura, para volverse más competitivos. En vez de hacerlo, en esos diez años de Euro el costo unitario de trabajo griego aumentó 40%, mientras que en un periodo similar el mismo costo bajaba cerca de 1% en Alemania. Grecia perdió toda capacidad de competitividad internacional, y hoy paga las consecuencias.

Pero la situación de este pequeño país de menos de 11 millones de habitantes ha adquirido importancia global por dos motivos: primero, porque puede ser el primer país en salir de la eurozona y el primer país “desarrollado” (o, al menos, entre países con monedas “duras”) en declararse en suspensión de pagos en 60 años; segundo, porque al hacerlo puede provocar contagio hacia Portugal e Irlanda, y potencialmente a España e Italia si a estos países se les encarece sustancialmente el costo de financiamiento, cuando los mercados perciban que el riesgo es creciente.

¿Por qué no va a funcionar el acuerdo? No me crea a mí, simplemente leamos lo que se dijo en un comunicado “privado” que circuló hace dos semanas entre los ministros de finanzas de la eurozona y que acabó llegando a las páginas del diario inglés Financial Times. En éste se dice que:

  1. Grecia no saldrá del atolladero con “sólo” 170 mil millones de euros de ayuda adicional (esto equivale a 75% del PIB griego).
  2. La austeridad debilitará a la economía e impactará negativamente a la recaudación fiscal. (Recordemos que Grecia está por reducir el salario mínimo 22%, y que correrá a 150 mil burócratas, lo que equivale a 1.5% de la población de un país donde casi la mitad de la economía la genera el estado).
  3. El altísimo nivel de endeudamiento los mantendrá por años marginados de los mercados financieros.
  4. El endeudamiento en 2020 puede estar en 160% del PIB, no en 120% como se espera oficialmente (el nivel actual de deuda de Italia). En total, requerirían de 245 mil millones de dólares de crédito adicional (recordemos que esta economía produce un PIB de 300 mil millones, es decir que requiere de 80% del PIB) para salir adelante.
  5. El informe dice que será difícil que se logren reformas estructurales y que será difícil flexibilizar el mercado de servicios porque afecta a intereses de gremios poderosos.
  6. Las expectativas de las medidas pasadas han demostrado ser excesivamente optimistas. Se estimaba que los bancos griegos requerirían de sólo treinta mil millones de euros de capital nuevo, ahora se estima que son cincuenta.

Yo agregaría que:

  1. Grecia entra a su quinto año de recesión. La economía griega se contrajo casi 7% el año pasado, se contraerá quizá 8.5% este año, y seguirá decreciendo cuando menos en 2013, aún si todo saliera a pedir de boca.
  2. Todos las utópicas estimaciones se están haciendo pensando en que las tasas de interés se mantienen constantes los próximos años. Se hacen estimaciones lineales de aquí a 2020. Si las tasas de interés a nivel mundial no suben después de 2014 (la Reserva Federal ha dicho que las tasas se mantendrán como están hasta entonces), estaríamos hablando de una situación insostenible para todo el mundo industrializado. Creo que a Grecia, necesariamente, le iría costando cada vez más caro financiarse.
  3. No hay que subestimar el poder de la calle. En la pasada revuelta se quemaron cincuenta edificios en el centro de Atenas, y esto apenas empieza.
  4. Y hay que ver qué pasa con las elecciones en abril. Los partidos que más votos recibieron en las elecciones pasadas fueron el Partido Socialista Pan-helénico, y Nueva Democracia. Entre los dos obtuvieron 77% del voto; ahora, tienen 32% de la intención de voto, y los tres partidos radicales de izquierda tienen 37%. Esto se debe a que los tres predican una inmediata moratoria y salida del euro.

La pregunta obvia es por qué si es un secreto a voces que esto no va a funcionar se le dan, nuevamente, más cien mil millones de euros frescos a Grecia. Es tan evidente el fracaso, que los nuevos bonos griegos, después del canje, cotizaron con un 80% de descuento en el primer día en que se operaron; el mercado está diciendo que éstos no serán pagados. La respuesta es que en este momento a nadie le conviene que la bomba reviente. Angela Merkel no quiere ir cargando ese muerto cuando se celebren las elecciones parlamentarias alemanas este otoño. Y Grecia acepta los recursos pues la balanza fiscal de ese país muestra hoy un déficit primario. Es decir, que aunque hoy se borrara la totalidad del costo de la deuda pública, el gasto público excede a los ingresos del gobierno. Por ello, dependen de obtener recursos de los mercados financieros para cubrir el faltante. Una moratoria hoy los dejaría sin acceso a crédito alguno, y no podrían siquiera cubrir su gasto corriente. A fines de este año la historia será diferente, pues la dolorosa austeridad les permitirá, al menos, poder cubrir su gasto con su propia recaudación fiscal. Por ello, a fines de 2012 o principios de 2013, Grecia saldrá de la eurozona. Por lo pronto, la oposición griega ha dejado sus opciones abiertas en caso de llegar al poder en las elecciones de abril, por más presión que recibieron, no hicieron el compromiso de honrar los acuerdos hechos esta semana por el gobierno actual.

En mi opinión, el acuerdo con Grecia señala una gran oportunidad perdida. Grecia debió salir de la eurozona hace un par de años, debió planearse una salida ordenada, debieron haber vuelto al dracma, definiendo claramente qué contratos prevalecían en euros, cuáles se “dracmatizan”, cómo quedan los depósitos del Banco Central Griego en el Banco Central Europeo, y se debió establecer límites claros al porcentaje de devaluación aceptable, sólo lo suficiente para recuperar competitividad, pero sin permitir devaluaciones sucesivas y dándoles apoyo para permitir que el dracma recupere un nivel mínimo de credibilidad local. Debió asegurarse que una salida de la eurozona no implicaba la de la Unión Europea. Ahora, las soluciones se vuelven cada día más caras, menos creíbles, el rango de daño potencial es mayor, y el hoyo del cual hay que salir es más profundo.

El brutal daño social ya causado acrecienta el riesgo político. Pero éste no es exclusivamente griego. La austeridad impuesta por “los ricos” vuelve a estos países peligrosamente impopulares entre quienes reciben la ayuda, y las pérdidas causadas por la irresponsabilidad de “los pobres”, la hace cada vez más políticamente costosa para quien la da. Tanto en el centro como en la periferia surgirán movimientos nacionalistas, aislacionistas, anti-europeos.

Sí, el Banco Central Europeo ha hecho todo lo que estaba a su alcance para inyectar liquidez en forma sin precedente en la historia. Más de 800 bancos y entidades financieras (inclusive de empresas automotrices) han recibido casi 1.1 millones de millones de euros en forma de crédito a tres años a una tasa de 1%. Conforme esos bancos simplemente tomen el crédito para comprar deuda emitida por los propios gobiernos europeos en el mercado, se meterán a la bolsa el diferencial entre la tasa que pagan y la que reciben, marginalmente recapitalizándose. Difícilmente, esos recursos se volverán crédito real a actividades productivas. Pero, por ahora, los bancos europeos han recibido un poco de oxígeno. ¿Lo aprovecharán para hacer las reformas de fondo que son indispensables? Lo dudo.

En forma más que cuestionable estamos viendo una transferencia neta de recursos de ahorristas, de retirados, de fondos de pensiones que reciben tasas que ni siquiera compensan la merma en su poder adquisitivo causada por la inflación, hacia bancos comerciales que están golpeados y urgidos de capital debido a su propia ineptitud. A la larga, esa enorme transferencia limitará la capacidad potencial de crecimiento de las economías no sólo europeas, sino también estadounidense, japonesa, etc.

Las medidas tomadas para salir de la crisis parecen estar diseñadas para evitar hacer frente a los problemas con soluciones reales, estructurales, de fondo. Como la avestruz que entierra la cabeza para evitar ver lo que la amenaza, los políticos creen que dilemas originados por décadas de complacencia acabarán desapareciendo solos. Lo único que podemos tener claro es que a esta crisis le quedan años por delante. En el mejor de los casos, años de crecimiento inferior a lo necesario; años en los que nuestra generación irá incrementando el costo de lo que le tocará pagar a nuestros hijos y nietos por lo que no nos atrevimos a hacer, por los costos que nos rehusamos a pagar. Pasaremos a la historia como una de las generaciones más egoístas e irresponsables, más miopes y obsesionadas por evitar a toda costa enfrentar problemas irrecusables. ¡Qué vergüenza!

Copyright © 2012 · Jorge Suárez. Todos los derechos reservados.

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