Luis Martín

«Grecia y Portugal tendrán que salir del euro» –Michael Spence

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Michael Spence

 

 

Michael Spence, premio Nobel de Economía 2001, es profesor de Economía en la Escuela de Negocios Stern de la Universidad de Nueva York, miembro visitante distinguido del Consejo de Relaciones Exteriores, e investigador superior en el Instituto Hoover de la Universidad de Stanford. Su último libro es La próxima convergencia: el futuro del crecimiento económico en un mundo de diferentes velocidades.

Enlace a versión original en inglés de esta entrevista.

 

 


Europa ha adoptado la austeridad como estrategia principal para la estabilidad y la recuperación económica. Sin embargo todo indica que hasta que no se adopte un ‘Plan Europeo’ creíble que respalde de un modo efectivo las economías más débiles de la zona euro, seguiremos viendo cómo países altamente endeudados con déficits insostenibles seguirán luchando para mantener su acceso a los mercados de crédito. ¿Cuáles son sus ideas sobre lo que hace falta para completar dicho ‘Plan Europeo’?

Es un problema difícil.

Mi opinión es más o menos la siguiente: Grecia y tal vez Portugal tendrán que salir del euro en algún momento. La razón es que sus déficits de productividad son tan grandes que, incluso sin un desafío fiscal, su potencial de crecimiento está limitado; con un problema fiscal añadido, es difícil imaginar la combinación de austeridad con tanta deflación política y social. Hay indicios de que Grecia ya está teniendo graves dificultades con las reformas.

Italia y España están en una categoría distinta. Las reformas las estabilizarán y las harán recuperar su crecimiento. No será fácil, pero sí manejable y el proceso ya está en marcha en ambos países. Lo ideal sería que la UE y el BCE respaldasen estos esfuerzos con un programa para estabilizar los rendimientos de la deuda soberana en ambos países para dar tiempo a que las reformas funcionen. Las dificultades son dos: por un lado, los alemanes atravesaron un proceso de reformas difícil y creen que los otros también deben hacerlo, y por otro, las autoridades del BCE no confían en los políticos, incluso a los que consideran reformistas. Se trata de un problema de riesgo inducido. Lo que creo, y espero, es que este tipo de intervención esté próxima, incluso aunque no lo digan abiertamente, pues servirá para mantener la presión sobre los sistemas políticos y apoyar los programas de reforma.

Mientras tanto, Alemania insiste en que una reforma institucional hacia la centralización y una mayor disciplina fiscal puede continuar en paralelo. Una vez más, la razón de esta estrategia es que los alemanes y otros sienten que si la crisis acaba primero, el incentivo para reformar desaparecerá y el patrón podría repetirse en el futuro.

Así que se van a hacer ambas cosas. Una reforma para la estabilidad fiscal y el crecimiento en varios países con el apoyo no expreso del centro y, al mismo tiempo, una centralización fiscal de algún tipo. Ésta última es necesaria, aunque algunos discrepen sobre el momento adecuado para llevarla a cabo.

Algunos sostienen que se ha desperdiciado tiempo valioso en la gestión de la crisis griega y que una ‘suspensión de pagos controlada’ en 2010 habría permitido a la economía del país heleno recuperarse antes. ¿Seguir siendo miembro de la zona euro es todavía una opción (o incluso algo deseable) para el pueblo griego?

Sí y no.

Sí, hubiera sido mejor para Grecia afrontar una suspensión de pagos parcial y ordenada, y una salida del euro, a pesar del miedo a las consecuencias imprevistas y a un problema en cascada en la zona euro en términos más generales. Y no, en este momento para Grecia. Creo que el restablecimiento de las condiciones de comercio es mejor que las alternativas sobre la mesa. Aun así, todavía tienen que poner su dinámica fiscal en orden y llevar a cabo reformas para mejorar la productividad y el crecimiento. Sería un agujero menos profundo del que salir.

A pesar del debate cada vez más abierto sobre una ruptura de la zona euro, el tema sigue siendo tabú y recientemente el presidente francés Nicolas Sarkozy ha llegado a decir que esa situación pondría fin a la paz en el continente. ¿Qué le parece la idea de dividir la zona euro en dos espacios monetarios para evitar así una ruptura total?

No creo que el núcleo de la zona de euro o que la unidad y la paz en Europa estén amenazadas por la salida de los actores más pequeños de la zona euro. Es cierto que existen riesgos porque no hay ningún mecanismo pre-establecido. Italia y España pueden y necesitan salir adelante y mantenerse dentro. Por eso, realmente no me creo en el modelo de las dos divisas y de las dos velocidades. Creo que el modelo pasa por el núcleo de la zona euro en pleno funcionamiento y con unas pocas salidas.

Los países que crecieron mediante un apalancamiento, privado o público (y hay muchos casos así, como Estados Unidos), necesitan emprender un camino de crecimiento más sostenible, sin una unidad de divisa mayor o por cuenta propia.

Se da demasiado peso al argumento de que Alemania se beneficia de una divisa devaluada, pero la mayoría olvida que las reformas difíciles se llevaron a cabo en ese país durante el período 2000-2006. Estas reformas mejoraron dramáticamente la productividad, la flexibilidad y la competitividad. Así que Alemania no ha llegado hasta aquí por accidente. En 2000, Alemania identificó un problema de grandes dimensiones y lo enfrentó de inmediato y de forma agresiva, a diferencia de muchos de sus vecinos.

Dicho esto, a Alemania le interesa mantener la zona euro y la UE unida, y sus dirigentes lo saben y lo creen. Por lo tanto, lograrlo se convierte en una cuestión de estrategia.

¿Cree que es oportuno que un país como España adopte las mismas políticas de ajuste que Grecia y Portugal? ¿Acaso los titulares y las presiones del mercado nos están conduciendo a ignorar la idiosincrasia y las necesidades especiales de cada país con problemas?

Sospecho que la austeridad fiscal es necesaria para continuar financiando al gobierno. No toda la austeridad fiscal supone crecimiento negativo. Depende de lo que se recorte. Lo mismo se puede decir para Estados Unidos. Si ustedes o nosotros recortamos en educación, infraestructura, formación cualificada, etc. habrá crecimiento negativo. Se trata de un problema de elección intertemporal. Todos hemos vivido por encima de nuestras posibilidades. Podemos intentar aguantar, pero sólo a expensas de las próximas generaciones y del futuro. O, al contrario, podemos asumir la realidad ahora.

Dicho esto, recortar los déficits es una buena medida, pero se puede recortar demasiado rápido. España y otras economías se están ajustando estructuralmente y eso lleva tiempo. Por eso, el tempo de reducción del déficit debe estar asociado con el ajuste estructural tanto como sea posible. De lo contrario la economía sufrirá una reducción masiva en la demanda agregada (y esto resulta negativo para el crecimiento y también, por la vía de crecimiento, para la estabilización fiscal).

Entonces, ¿por qué Italia, que lleva tiempo desarrollando reformas estructurales y ajustes de austeridad, ha sido sometida a una mayor presión por parte de los mercados que España?

Italia es un país más rico debido a las altas tasas de ahorro acumuladas durante largos períodos de tiempo. Pero tiene muchos problemas: la deuda pública al 120% del PIB, la evasión de impuestos, las rigideces del mercado laboral y otros elementos que generan falta de competitividad. Pero la principal razón que explica la pérdida de confianza en los mercados es la preocupación por un gobierno disfuncional y distraído. En otras palabras, los inversores dudaron de que pudiese existir una respuesta política vigorosa a tiempo. Ahora son más optimistas al respecto. Pero hay dos escenarios posibles (los economistas hablarían de “equilibrios)”. El peor escenario es que resulta en diferenciales de deuda trepidantes al tiempo que los inversores privados se retiran, haciendo que el problema fiscal pase de ser manejable a convertirse en una situación desesperada.

En su último libro, La próxima convergencia (The Next Convergence), aborda cómo ha disminuido la asimetría entre las naciones emergentes y las economías avanzadas. ¿Cómo prevalece esta redistribución continua ante políticas proteccionistas derivadas de la actual desaceleración económica en los países con ingresos más altos?

Hasta la fecha el proteccionismo ha sido silenciado. Pero el alto desempleo persistente y el bajo crecimiento podrían provocar un mayor proteccionismo. Éste podría reducir el crecimiento de las economías emergentes (quizás sustancialmente) pero no detenerlo. Las economías emergentes ahora son más resistentes. Y en general este proteccionismo crearía un entorno económico internacional más volátil y menos “cooperativo”. Esto no sería bueno.

Parece claro que, debido a su creciente envejecimiento, la población europea necesitará disminuir las barreras a la inmigración y las leyes laborales sobre la movilidad, sobre todo si desea mantener su estado del bienestar. ¿Qué papel desempeña la demografía en los fenómenos de convergencia económica que usted analiza?

La demografía es importante. Sospecho que tiene usted razón en que es probable que haya más migración. Pero hay límites políticos y sociales. Espero que la principal política de re-equilibrio vaya a ser interna, cambiando los estilos de vida laborales, las pensiones, los parámetros y los incentivos, y así sucesivamente. Los principios de los sistemas del estado del bienestar pueden mantenerse, pero los parámetros que se ven afectados por la esperanza de vida tienen que cambiar. Los programas de bienestar van a tener que estar mejor financiados y ser menos dependientes de sistemas de reparto para así ajustarse a la demografía cambiante e incierta. No puede hacerse de la noche a la mañana, pero sí a lo largo de una década y media.

Se trata de un gran reto. El envejecimiento no es omnipresente, pero casi; incluso en China. Por orden de importancia estaría Japón, gran parte de Europa, Estados Unidos y China. Las áreas más jóvenes son India y América Latina, aunque no va a durar para siempre. África es joven y algunos países de Oriente también. Es una espada de doble filo, porque una población joven con un alto crecimiento resulta útil; pero una con crecimiento bajo resulta explosiva, encontrando su detonante en el desempleo juvenil.

En definitiva, cada país debe planificar bajo unos parámetros de migración sensatos y así acercarse a su equilibrio desde una base intergeneracional.

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