J.J. Gómez Martínez

La maldición del cerro rico de Potosí

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La mayoría de mineros se conforman con extraer poco a poco y morir prácticamente dentro
Cerro Rico de Potosí

Cerro Rico de Potosí (foto: J.J. Gómez Martínez)

Durante los últimos meses, el Gobierno español y la empresa cazatesoros Odyssey han mantenido una disputa legal por la propiedad de 595.000 monedas de oro rescatadas de un barco en 2007 frente a las costas de Portugal. Finalmente la balanza cayó del lado español. Uno de los grandes logros del nuevo ministro de Cultura español José Ignacio Wert, junto a la puesta en marcha de la ley SindeWert (contra los derechos civiles en internet) o la retirada de Educación para la Ciudadanía. Pero el conflicto por estas monedas no ha terminado, ahora Bolivia exige que todas las que hayan sido acuñadas en Potosí le sean entregadas. Estas monedas ‘recuperadas’ se dirigían desde América del Sur hacia la península ibérica cuando un barco inglés hundió la flota española en el siglo XVIII.

“Convertidas en piñas y lingotes, las vísceras del cerro rico [de Potosí] alimentaron sustancialmente el desarrollo de Europa”, denuncia Eduardo Galeano en Las venas abiertas de América Latina. Desde que fueran descubiertas estas minas en 1550 por los colonizadores españoles, Potosí se convirtió en la más fructífera veta de plata de todo el mundo, además de surtir también de estaño, zinc, cobre u oro a sus explotadores. Pero la población de la zona sigue siendo de las más pobres de Bolivia, el país más pobre de América Latina después de Haití. “Potosí es uno de los departamentos con elevados indicadores de pobreza y rezago en desarrollo humano. De acuerdo a la información censal, el dato más reciente de pobreza, que corresponde a 2001, ascendió a 79.7 por ciento para todo el Departamento”, según se recoge en el libro Potosí. El cerro nuestro de cada día. Esta cifra está casi un 30% por encima de la media boliviana, que en los últimos años ha descendido notablemente. Otro dato desolador es el último puesto de Potosí (capital) entre las ciudades bolivianas en el índice de desarrollo humano, que incluye una media entre esperanza de vida, nivel educativo e ingresos. Hoy todavía los mineros siguen buscando el dorado y la forma de enriquecerse en poco tiempo, como cuenta un minero que espera este año lograr 7.000 dólares si da con una buena veta. “No podemos ser conformistas y tenemos que buscar nuevas formas de extraer mineral. La mayoría de mineros se conforman con extraer poco a poco y morir prácticamente dentro”, como explica este minero.

La explotación de la mayor mina de plata no ha traído una buena vida para su población, como muestra el documental suizo Todos los días, la noche. Un retrato de la cotidianidad en las minas bolivianas, con sabor dulce y personal de la vida en las minas bolivianas, que junto a los problemas habituales de cualquier mina se suma la altura del cerro, casi 4.800 metros de altura. Una situación que incluso podría ir a peor si prospera la propuesta de cierre de las minas, que se estudia desde diferentes ministerios e instituciones bolivianas o la Unesco. Si se cerrara la mina, se calcula que descendería un 50% el PIB de la ciudad, que se perderían unos 20.000 puestos de trabajo directos, así como una migración del 50% de la población activa de Potosí y en total de unas 60.000 personas. Eso sí, según cuenta un ex minero, que ahora es guía turístico en las minas, todavía mueren dos personas al año.

Una situación que no es nada nueva en la zona, sino la tónica habitual desde que llegaron los conquistadores españoles. “En el ‘Nuevo Mundo’ encontramos el sometimiento de las poblaciones aborígenes a través de los regímenes de la mita y el cuatequil: multitud de personas dieron su vida para sacar la plata y el mercurio de las minas de Huancavelica y Potosí”, denuncia Silvia Federici en Calibán y la bruja. Al igual que Galeano en Las venas abiertas de América Latina: “André Gunder Frank ha destacado que las regiones hoy día más signadas por el subdesarrollo y la pobreza son aquellas que en el pasado han tenido lazos más estrechos con la metrópoli y han disfrutado de períodos de auge. Son las regiones que fueron las mayores productoras de bienes exportados hacia Europa o, posteriormente, hacia Estados Unidos, y las fuentes más caudalosas de capital: regiones abandonadas por la metrópoli cuando por una u otra razón los negocios decayeron. Potosí brinda el ejemplo más claro de esta caída hacia el vacío”.

¿Y tras este panorama le queda alguna alternativa a Potosí? La continuidad de las propias minas como defiende la propia Unesco. “El 11 de mayo de 2011, la misión de expertos de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) afirmó que es fundamental la continuidad de la actividad minera que es la causa de la importancia del Cerro, pero bajo criterios económicos, comunitarios, ambientales, sociales, arqueológicos e históricos”, como se refleja en Potosí. El cerro nuestro de cada día. Y la otra alternativa, aunque a unos kilómetros de la capital, es el salar de Uyuni y las posibilidades de industrializar las mayores reservas de la tierra de litio, básico para las baterías de ion de litio del ‘esperado’ coche eléctrico o las baterías de móviles o portátiles. “En los últimos años las baterías de litio han comenzado a competir con las baterias convencionales, lo que elevó el precio de la tonelada de 350 dólares en 2003 a más de 3.000 en 2009″, según Leonardo Stanley, investigador del Centro de Estudios de Estado y Sociedad.

J.J. Gómez Martínez es un periodista freelance que actualmente gestiona el blog pallqa.wordpress.com, sobre la actualidad social de América Latina y especialmente de Bolivia, además de prestar especial atención a todo lo relacionado con el conocimiento libre en el continente. Además de colaborar con Truman Factor, realiza tareas similares con el periódico Rusia Hoy (Rusia), Diagonal (España) y el semario La Época (Bolivia).

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