Economista Descubierta

La lideresa

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Venía dispuesta a hablar de las fotos de la familia de los Preparaos, cuando va y se me retira Esperanza Aguirre (y se me muere Santiago Carrillo, con la mejor muerte que cualquier fumador se hubiera pedido para sí). Y se pueden imaginar, que asunto tupper y Eurovegas aparte, servidora está muy triste, porque la Espe era de su agrado. Y mira que yo no soy liberal, sino colectivista y reaccionaria.

Pero a mí Espe me gustaba. Me gustaba porque aunque era rica federica por su casa y por matrimonio, curraba aunque no lo necesitara y estaba en política porque le interesaba España y, además, me quitó los dichosos puntos del colegio y me dejó elegir pediatra.

Y ahora, claro, se va y el panorama de políticos con vocación de servicio se queda reducido a cero. Ahora sólo queda la casta en todas sus versiones territoriales.

Cierto es que todo líder tiene vocación de mando y de mangoneo. Y que Espe debe ser mandona, como todo líder que se precie. Los líderes participativos no existen. Ni en las empresas, ni en la política, ni en los patios de los colegios. No te digo yo que alguna vez hagan alguna encuesta de esas de clima laboral para ver cómo respira el ambiente, pero por pura definición, el líder tiende a ser mandón y a olvidarse de que los que obedecemos tenemos quizás fundada opinión.

He visto las lágrimas de Lucía Figar, cuyo currículum previo no se parece al de Esperanza, y he visto la falsa pena de la Cospe. A Rajoy, como es gallego, pues que le interpreten los gallegos, que los demás, bastante tenemos con asumir la decepción, pero presumo que le ha tenido que sentar como una patada en el hígado que la Espe haya reportado primero al Rey, que para eso ella es Grande de España. Primero se lo digo al Rey, y luego a ti, que te alegras infinito de no tenerme recordándome la traición que has cometido, aunque vayas a perder Madrid en las elecciones.

Me pregunto también cómo se va a sentir Espe cuando se reincorpore a su ministerio, sin apenas trienios, sin pagas extras y sin “moscosos”. Lo mismo le viene mal, aunque supongo que le viene mejor seguir teniendo seguridad social. Y es que el cáncer es mejor curárselo en el Doce de Octubre que en la Anderson, sobre todo, porque está más cerca y suele ser más práctico a efectos de turnos de los familiares.

Me consta que su familia está feliz y sus amigas entusiasmadas, pero ahora resulta que yo tengo a la Botella y a los Botellines. Y a un tal Ignacio González al que, por cierto, no voté.

Es cierto que en España no dimite nunca nadie jamás, mucho menos un político, y eso le honra. Pero hubiera sido mucho más justo no volver a presentarse y no dejarnos tirados a mitad de curso; sobre todo, porque cuando  uno quiere mandar, a veces, también tiene que obedecer. Y el deber hubiera sido obedecer a los que como la quisimos, la pusimos.

En fin. Que el próximo día, si me queda ingenio, analizamos las fotos de la Casa de Oscar de la Renta y Miranda Iglesias, quiero decir, la de los Asturias descalzos y en el sofá.

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