Economista Descubierta

La Bolsa

Disminuir tamaño de fuente Aumentar tamaño de fuente Texto Imprimir esta página

 

 

Mi dilecto y añorado jefe del Sitio Elegante se había estrenado en el mundo laboral como barandillero. Barandillero sí, no banderillero. Y aunque después se dedicó al Recurso Humano y ahorrar costes, de bolsa sabía un poco.

Sin embargo, nunca jamás invirtió un solo duro en renta variable. Una vez le pregunté la razón y me dijo muy serio “para jugar a la bolsa hay que estar todo el tiempo pendiente, y yo tengo mucho trabajo”. Mi jefe en el Sitio Elegante era un tipo pausado que, en palabras de C.W., tenía mayonesa en las venas.

Yo nunca compré acciones de nada, aunque tampoco compré una letrita del Tesoro, porque cuando yo ganaba pasta me la gastaba en otras cosas. Todo lo que me gustan los seguros de vida, y los actuarios, recelo de los analistas fundamentales, no te digo ya de los macro, porque en los informes de análisis no era capaz de encontrar un verbo en infinitivo ni en imperativo. Tanto condicional y tanto subjuntivo me mosquearon siempre. Por no mencionar, además, el famoso “índice de confianza” cuya sola definición me parecía tan fútil y tan traída por los pelos, que terminó por hacerme desconfiar definitivamente del asunto bursátil.

Además, yo tengo poco de lúdica y aquello de “invertir en bolsa” siempre me parecía que tenía mucho de juego de apuestas. Años después, cuando aprendí un poco de valoración de empresas me di cuenta de que había hecho bien, porque me hubieran timado seguro. Yo no juego a casi nada, casi nunca. Me da igual que sean las tabas o la bolsa.

Mi misérrimo plan de pensiones tenía un poco de renta variable, y lo repoquísimo que tenía se convirtió en aun menos. Total, que dejé de hacer aportaciones y a final de año, si me sobraba algo, o me compraba un bolso o me quitaba hipoteca. Huelga decir que ahora a final de año no me sobra para aportar, así que ni bolso ni hipoteca ni na de na.

Así que en los famosos años buenos dejé de ganar mucho dinero, y en los años malos, o sea, estos, tengo menos dinero pero no me he quedado sin ahorros. Dentro de lo malo, no estoy tan disgustadísima como los que compraron Terra en su momento o Bankia ahora. Empobrecida y preocupada, pero no disgustada.

Y que no me cuenten que es cuestión de cultura financiera, porque sé de bastante gente que se forró sin tener ni idea, y que palmó a pesar de saber (algo). Que yo entiendo que las empresas se financien emitiendo deuda o acciones, que hasta ahí llego, pero lo que después pasa me parece tan impredecible y tan sujeto a los devenires que si de la confianza o de vaya usted a saber que suceso inesperado, que desde luego no compro papelitos de valor nominal que sea. No tengo yo problemas ni nada, como para además ser “accionista minoritario”.

La Economista Descubierta en blogspot.com

* * *

 

Creative Commons Attribution-NonCommercial-NoDerivs 3.0 Spain
Esta obra se publica bajo la licencia de Creative Commons Attribution-NonCommercial-NoDerivs 3.0 Spain.

Comparte este artículo

0 comments