Economista Descubierta

España

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Vaya por delante que yo el domingo no vi el fútbol, no porque no quisiera sino porque me esperaba un cerro de lavadoras y ollas expreses propias de mis labores dominicales. Ya saben que yo cito mucho a Lidia Falcón y su “qué bien friegan las licenciadas”. Los domingos, servidora, organiza la semana y sus correspondientes menús y conjuntos infantiles, porque si tengo que esperar a que lo haga la Marmota, apañados vamos.

Así que no vi el fútbol aunque vi el momento ese donde todos saltan y se abrazan y el delirio colectivo tremebundo. Yo me fijo mucho en quién es expansivo y quién comedido. También me fijo mucho en las pintas de los que han decidido gastarse el dinero en ir a vociferar al campo de fútbol.

Al día siguiente tampoco vi a los miles de personas pasando calor en Cibeles porque tenía muchísimo trabajo y últimamente mi descompensada inteligencia me juega malas pasadas.

Naturalmente no quiere decir que no me alegre. Lo que pasa es que no llego a entender por qué yo me tengo que alegrar como si me hubiera tocado la bonoloto, o tenga yo que pintarme la cara de rojo y amarillo para hacer el ganso frotándome con desconocidos. Por supuesto que me alegro, pero no estoy dispuesta a considerar élite de nada a unos tipos que le dan patadas a un balón, por muy bien que le den.

Y menos mal que este año no han hecho demasiadas declaraciones, porque recordar las que hicieron cuando el mundial todavía me sonroja. Dios santo, menudos desertores del arado. Jugar al fútbol sí, pero por favor, hacer declaraciones, nunca en la vida.

Que yo sé que la cosa está muy malita y la gente necesita alegrías, sobre todo si el mismo día te suben la luz y el butano, que estamos humillados en todos los foros internacionales y viene bien de vez en cuando mostrar que menos en Eurovisión, ganamos en todo. Si yo todo eso lo sé.

Pero me da pena que España se reduzca a eso, al pan y toros, o al fútbol o a la canción del verano o al Gran Hermano y que tengamos tan poquísima solución. A mí, como a Unamuno, me duele España. Por mucho que gane al fútbol o a las tabas.

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1 comments
Javier
Javier

pozí pozí,... pero es lo que hay. Porque debe haber de todo, y no todos saltan como canelos restregándose con desconocidos del mismo sexo (o incluso dudoso). Los hay poniendo lavadoras, haciendo la compra aprovechando que le resto está en el estadio o qué se yo. Este país funciona gracias a los del estadio y a los que no van. Extraña, sonroja y se hace difícil de entender, pero es así. Como siempre el texto certero e interesante.