Economista Descubierta

El timo

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Es de sobra conocido que a mí los asuntos de género me provocan urticaria y que no me creo la mitad de las cosas que me cuentan. Servidora es cínica y escéptica, y, sobre todo, tiene ojos para ver, oídos para oír, y magín para elaborar conclusiones.

Tengo la imposición laboral de incluir cuotas en un sector donde la que llega ha tenido que renunciar a casi todo, en pos de la famosa meritocracia, como si no fuera de sobra sabido que de la universidad salen más mujeres que hombres y, mire usted, se quedan por el camino.

Es una directiva europea, me dicen desde arriba, y me parto de risa cuando veo que los números salen mejor en España que en cualquier sitio, porque ya me contarán ustedes qué mujer alemana trabaja (quitando Merkel, claro) y puede organizar su casa con una doméstica, una guardería y una madre mientras se dedica a prosperar laboralmente. (Y a Mamá en Alemania me remito). Y no lo hagas por ti, hazlo por las generaciones venideras, esas generaciones que dicen progenitores en lugar de padres, pero que están más perdidas que “el barco del arroz”. No lo hagas por ti, hazlo por ellas.

No, si ya, si ya sé yo que si el voto femenino no se hubiera impuesto por cojones, o el voto negro por ídem de lienzo, seguían sin votar mujeres y negros. Si tenía que ser por la famosa meritocracia, seguíamos sin votar y Sudáfrica un paraíso del aire acondicionado.

Pero yo ya no me creo nada porque en España no se cambian los horarios y el fútbol sigue siendo más importante que las reuniones del colegio. Las Administraciones Públicas concilian que da gloria, pero los demás tenemos que ponernos colorados cada vez que tenemos que llevar al niño al pediatra.

Y no me creo nada porque la dichosa perspectiva de género sólo sirve para mantener entretenidas a cuatro activistas nada meritorias, dedicadas a elaborar manuales para que los publique en papel caro cualquier Observatorio Autonómico de Medalomismo.

Así que llevo todo el fin de semana en un grupo de trabajo con unos consultores muy caros, por cierto, dedicada a establecer las acciones que salían del famoso plan de igualdad. Tontada a la que yo ya le dediqué un par de meses el año pasado.

Y se me antoja clarísimo que es el timo del sobre porque al final lo que quieren son ratios y pesos, y un par de consejeras decorativas y a ser posible ingenieras. Para que luego las entreviste Patricia Rato, cuya trayectoria profesional está por descubrir, y les interrogue sobre cómo concilian y cómo es su día de trabajo.

De verdad que si hay algo que me toque las narices es perder el tiempo con tontadas para cubrir el expediente y destinadas, desde su nacimiento, al fracaso.

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