Economista Descubierta

El fin del mundo

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La Economista Descubierta

Se presumía que lo del fin del mundo era una tontada similar al efecto 2000 o la gripe del pollo, así que no dejamos de comprar lotería porque no somos los 17 Ministeriejos de Sanidad comprando vacunas. (Eso sí, yo menos que cualquier otro año y va y resulta que el Gordo lo han vendido, entre otros sitios, al lado de mi casa. Menos mal que no había comprado ahí porque no hubiera podido soportar no haber acertado con el numerito).

A mí esto del fin del mundo me tenía bastante laxa. Total, a los efectos de brillo social y laboral mi fin llegó hace unos años y yo no acumulo comida porque, desde que soy miserable a la totalidad, gestiono mi despensa con la precisión y continuo sentido de mejora de un jefe de operaciones black belt six sigma.

El hijo ya lo he tenido, el árbol ya lo planté y el libro cualquier día lo publicamos C.W. y yo y lo regalamos en la puerta de Vips, o incluso en un alarde imaginativo, nos lo colocan junto al de las Segrelles o las Royo Villanova. Y a lo mejor hasta convencemos a los de PWC para que lo regalen en la fiesta de Navidad, como hicieron un año con el del dichoso queso.

A mí me fastidia más olvidarme del bonobús que de que se termine el mundo. Si se termina para todos, claro está. Apagón generalizado para todos, incluidos los políticos.

Pero no deja de fascinarme que hubiera gente que estuviera en zozobra acumulando velas y mantas para el terrible día.

Claro que todos esos suelen ser estadounidenses, pueblo sobradamente conocido por su sentido práctico y su ignorancia casi absoluta acerca de todo lo que no tenga una utilidad inmediata. Y como yo nunca me he distinguido por mi inteligencia práctica, probablemente me hubiera llevado el Corominas al refugio nuclear antes que las latas de conserva.

A mí, más que el fin del mundo, me preocupa la situación de España, por decir algo. Me preocupa ver la corrupción en todos los niveles, la ausencia total y descarada del comportamiento ético y el nivel betún que me rodea.

Me asusta más ver el Senado, institución cuya utilidad se reduce a tener una garita de policía delante, o el Congreso, blindado en vano, porque total está vacío casi siempre.

Me aterroriza más escuchar las grabaciones de los traders o leer los tuits de Mariano Rajoy. No sé si me voy a morir porque caiga un meteorito o por un ataque de asco.

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