Jorge Suárez

El destino nos alcanzó

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El tiempo se agotó. El destino nos ha alcanzado y veremos quienes tienen los tamaños para hacer lo que hay que hacer, aunque al hacerlo pierdan su puesto.
Retrato de Jorge Suárez Velez

Jorge Suárez

Es posible que estemos a semanas de que se defina qué curso tomará la crisis europea. Cada vez parece más claro que las alternativas son tres. La primera es mantener la eurozona tal y como está hoy, la segunda es expulsar inmediatamente a Grecia de la zona euro, y la tercera es hacer una amputación mayor que incluya a todos los países que ya recibieron rescates: Grecia, Portugal, Irlanda, Chipre y España.

Dada la injustificable demora adoptando soluciones de fondo, la situación se ha seguido deteriorando. Por ello, a estas alturas, cualquiera de las soluciones requiere de dos elementos para ser viable: una mutualización de la deuda emitida por países de la eurozona, y una unión bancaria.

El primer elemento se refiere a la necesidad de que los países centrales (Alemania, Francia, Austria, Holanda, Finlandia) avalen la deuda emitida por los de la periferia (Italia, España, Portugal, Grecia, Irlanda, Chipre). Esto requiere de cambios sustanciales en el marco legal original de Maastricht, que prohibía que un estado asumiera contingencias originadas por otro, y también requeriría de cambios a la constitución alemana.

Ambos procesos son todo menos automáticos. Los primeros significan incontables horas de discusión y análisis para reescribir las reglas (¿se imagina poner de acuerdo a abogados que asesoren a los 17 países de la eurozona?, duele la cabeza de sólo imaginarlo); la segunda implicaría quizá no sólo que el Bundestag (el legislativo alemán) vote a favor del cambio, sino que es incluso posible que la suprema corte exija un referéndum nacional.

El objetivo de la mutualización sería que, dado un aval alemán, el costo de financiamiento de los países de la periferia se reduciría sustancialmente, haciendo que sea sostenible el pagar el financiamiento de la enorme deuda. Aunque, eso también implicaría que aumente el privilegiado costo que paga Alemania (en momentos críticos, un bono alemán a 10 años paga alrededor de 1.15%, mientras que un bono similar italiano o español paga más de 7%). De hecho, las calificadoras de riesgo crediticio ya le advirtieron a los teutones que tomar contingencias de terceros provocará la pérdida de su calificación triple A. La revista The Economist estima que la convergencia le costaría a Alemania alrededor de 15 mil millones de euros al año, al tener que pagar más por su deuda.

La unión bancaria buscaría que desaparezca de una vez por todas el fantasma de una posible corrida contra los bancos europeos. El nerviosismo proviene de dos riesgos, primero de la posibilidad de que bancos en la periferia quiebren, conforme individuos y empresas dejan de pagar sus adeudos, como consecuencia de una recesión que se agudiza; segundo, de que si Grecia, por ejemplo, deja la eurozona, eso fuerce a una especie de “corralito”, en el que depósitos en bancos griegos sean convertidos arbitrariamente de euros a dracmas. Ante ese riesgo, muchos ahorradores optan por sacar esos euros y guardarlos bajo el colchón, o depositarlos en bancos alemanes.

Hace ya un par de años escribí en mi blog que el principal problema que enfrentaría Europa era el político (Es la política, estúpido, publicado en Diario de la Crisis en Letras Libres). En la medida en que se le impusiera austeridad a países de la periferia ya azotados por desempleo, reducciones en el gasto público (más aún en países con grandes estados benefactores), contracción de sus economías y caídas nominales de salarios, los votantes reaccionarían contra sus gobernantes. Igualmente, los electores en los países centrales empezarían a protestar al ver que sus propias economías empezaran a mostrar los efectos de sucesivas recesiones, y rechazarían las demandas de seguir aportando recursos para rescatar a países periféricos, caóticos y haraganes, desde su perspectiva. Ambos escenarios se han dado, y como era lógico esperar, se han traducido en caídas de gobiernos y ascensos de nuevos dirigentes que son una opción muy diferente, como en el caso de Hollande en Francia (con el mayor apoyo que haya tenido cualquier gobierno en la Quinta República); o demasiado igual, como la coalición griega compuesta por los mismos partidos que provocaron la debacle, pero que por lo mismo tiene un mandato muy frágil.

El malestar de los electores en los países centrales se empieza a acentuar debido a que la eurozona vive su segunda recesión en tres años. Alarma que el tercer país que más contracción mostró en el segundo trimestre -después de Grecia y Portugal- fue Finlandia, cuya economía se contrajo 1% (relativo al primer trimestre) como consecuencia de la critica situación en la industria del papel y de los problemas de Nokia. Alemania creció 0.3% (un poco más de lo que se esperaba, porque la caída del euro ayudó a sus exportaciones hacia Estados Unidos), pero es claro el deterioro en el ambiente económico que presagia una situación más recesiva. Holanda, otro país “central” creció 0.2% y Francia estuvo flat, subrayando que están ya muy cerca de cruzar esa frontera que separa a países que son parte de la solución de aquellos parte del problema.

Y es precisamente la condición de los países centrales lo que reduce aún más el margen de acción europeo. En su número de agosto 11-17, la revista The Economist expresó una opinión que me sorprendió, viniendo de la publicación más respetada en materia económica del mundo: la única alternativa que garantiza la supervivencia del euro es la amputación masiva de los cinco países que ya recibieron rescates.

Eso, de hecho, hace sentido. La revista estima que ésta costaría 1.15 billones de euros (millones de millones), de los cuales estiman que Alemania pagaría 500 mil millones, 20% de su PIB. A juicio de la revista, las economías de España, Grecia, Portugal, Irlanda y Chipre no van a lograr recuperar competitividad internacional sin una devaluación. Estoy de acuerdo. No sólo están persiguiendo una meta que se les sigue moviendo, conforme tratan de mejorar su situación fiscal, pero la recaudación se contrae como consecuencia de que la propia economía se está haciendo más chica, sino que además es obvio que muchos grupos afectados se defienden como gato boca arriba para evitar que se les quiten recursos (en estados que llevan décadas afectados por estructuras clientelares).

Los países en esa lista tienen algo en común. En todos los casos la diferencia entre sus activos externos y su deuda externa excede 80% del PIB. Italia se salva de la lista primero porque esa diferencia es sólo 21% (pues, a pesar de su alto endeudamiento, una parte importante de éste se financia localmente con los grandes fondos de pensiones italianos), y segundo porque sería inconcebible una eurozona sin Italia y sin Francia.

Claramente, algo que invita a contemplar tan radical solución es lo cerca que se encuentra Francia de volverse un problema. De hacerlo, quizá eso sea el catalizador para el colapso total, y desaparición, del euro. En cierta forma, la amputación masiva permitiría una eurozona más compacta, más homogénea, y con suficientes recursos para blindar a Italia, Francia y otros países potencialmente en problemas como Bélgica. Es la opción de pagar un costo hoy cuantificable, versus asumir el riesgo de que el costo de preservar totalmente la integridad del euro exceda a los recursos de los países del centro y a la voluntad de sus habitantes de desembolsarlos.

La razón por la cual estamos a semanas de saber qué nos depara el destino es la reciente visita a Grecia de funcionarios de la Troika (FMI, Banco Central Europeo y Comisión Europea) para evaluar los avances que ha hecho este país para honrar los compromisos que hizo al recibir el paquete de ayuda pasado. De la decisión dependerla el otorgamiento del siguiente desembolso, por 31,500 millones de euros, que Grecia necesita para recapitalizar a sus bancos y para pagar intereses devengados por lo que ya deben.

Claramente, Grecia está muy rezagada en cuanto a sus compromisos previos. Si bien cumplieron reduciendo 22% el salario mínimo, a estas alturas se suponía que ya habrían despedido a 100 mil burócratas, y que el programa de privatizaciones iría viento en popa con el objetivo de generar 3 mil millones de euros de ingresos para el gobierno (y detener el sangrado de paraestatales que pierden dinero). No se ha despedido a burócratas, ante la reciente crisis política y la necesidad de repetir las elecciones al no poder formar una coalición después de las primeras. Ahora dicen que sólo lograrán 300 millones de euros por las privatizaciones, debido a que éstas han enfrentado problemas serios como, por ejemplo, el hecho de que cuando ya entrevistaban bancos de inversión para organizar la venta del aeropuerto de Atenas, se dieron cuenta de que el título propiedad de éste no aparece (!), lo cual imposibilita la venta. Otro ejemplo que hace difícil convencer a los alemanes de que den más dinero, es el hecho de que tampoco han logrado el compromiso de aumentar la recaudación fiscal. Uno de los intentos más significativos provenía de la recolección de impuestos prediales, los cuales existen, pero nadie paga. Para forzar el pago, optaron por incluirlos en el recibo de la luz. La gente, entonces, dejó de pagar la luz. Cuando la compañía que provee energía eléctrica decidió interrumpir el suministro, la gente recurrió a las cortes para protestar, y éstas fallaron a su favor. Esto llevó a que quienes previamente pagaban dejaran de hacerlo, lo cual llevó a la compañía al borde de la quiebra, sin recursos para importar combustible para generar energía.

Después de eso, ante la posibilidad de que fallara el abasto antes del verano -temporada alta para el turismo- el gobierno tuvo que intervenir inyectando recursos.

Los griegos han propuesto que la meta de reducir el déficit en 11,500 millones entre 2013 y 2014 sea suavizada, dejándolos hacerlo en cuatro años en vez de dos. Eso, dicen, les permitiría crecer más y requerir de menos ayuda. Ciertamente, si los corren (echan) de la eurozona, se generaría una crisis interna de proporciones inmedibles. Dado que mucha de la deuda externa fue contraída por empresas privadas, algunas todavía rentables, la masiva devaluación del nuevo dracma las forzaría a un default, y la simple amenaza de que ese escenario ocurra está haciendo que se frene en seco la posible inversión extranjera, y que las líneas de crédito comercial para el funcionamiento normal de la economía se hayan detenido por completo, lo cual acentúa la crisis.

Aunque la Troika decida dar el siguiente desembolso, existe la posibilidad de que el Bundestag alemán lo rechace. Además de que no han llegado a las metas prometidas, es enteramente posible que habrá una crisis política en Grecia en los próximos meses, conforme el gobierno tenga que insistir en imponer medidas de austeridad. Dos de los tres partidos en la coalición, están teniendo deserciones y empiezan a no tener cómo apoyar la austeridad. Hay que ver, también, que dos tercios del déficit público provienen del inflado pago de pensiones a burócratas. Sin éstas, sin embargo, sería imposible que sobrevivan miles de familias severamente afectadas por 24% de desempleo y por la drástica reducción de salarios.

Dado el pésimo récord de los políticos europeos y, siendo justos, dado el mínimo campo de maniobra que tienen debido a la situación política interna en sus países, creo que optarán por sí correr a Grecia, lo cual sería extremadamente popular entre electores alemanes, holandeses, y de otros países centrales. Esto abrirá la caja de Pandora, mostrando que la eurozona no es a prueba de balas, y generando enorme presión sobre el costo de la deuda italiana, española, y de otros países. Lo lógico sería acompañar la medida con el anuncio de mutualización o unión bancaria, pero la exigencia alemana de que, para hacerlo, tiene que haber también una unión fiscal, complica mucho las cosas.

La lógica alemana es que la única manera de justificar ante sus electores un nuevo desembolso es si tienen algún control sobre los presupuestos y la recaudación fiscal de Grecia y de otros países que reciban nuevos rescates (es cada vez más claro que España necesita ya de un rescate a nivel gobierno, después de los 100 mil millones que recibieron para recapitalizar bancos). Es interesante observar que uno de los primeros en protestar la posibilidad de esa “pérdida de soberanía” es el propio Hollande, quien además presiona a Alemania para que si desembolsen los recursos que la periferia necesita. Una vez más, Francia es cada vez más parte del problema.

Igualmente, para que se dé una unión bancaria los alemanes exigen dotar al Banco Central Europeo con los poderes suficientes para poder hacer una supervisión efectiva de los bancos comerciales de toda la eurozona.

Por si toda esta complejidad no fuese suficiente, el principal interesado en preservar el status quo es el presidente Obama. Cualquier deterioro de la crisis europea antes de las elecciones presidenciales estadounidenses que se celebrarán el primer martes de noviembre, más o menos garantiza su derrota. En medio de una elección cerrada, el talón de Aquiles del presidente es la incapacidad que ha tenido su gobierno para cumplir sus promesas de “estímulo”.

El otro gran perdedor potencial si se recrudece la crisis europea es China. Las exportaciones chinas a Europa se han desplomado en un momento en el que el crecimiento ha caído y la burbuja inmobiliaria empieza a reventar. Europa podría ser una inoportuna gota que derrame ese vaso. Como consecuencia de China, podríamos ver precios de materias primas industriales a la baja, afectando aún más a países como Brasil (que anunció un programa de estímulo de emergencia por $66 mil millones de dólares).

creo que una crisis europea podría ser el catalizador que fuerce a los políticos estadounidenses a interrumpir juegos absurdos y empezar a tomar su propia situación en serio…

En forma irónica, a pesar del costo a Obama, creo que una crisis europea podría ser el catalizador que fuerce a los políticos estadounidenses a interrumpir juegos absurdos y empezar a tomar su propia situación en serio, a pesar del momento político, ante la amenaza de un colapso mucho mayor. Como he dicho antes, sigo pensando que Estados Unidos probará ser un país infinitamente más viable que Europa, debido a su infinitamente mejor situación demográfica (gracias a la migración), a su enorme capacidad para formar y atraer capital humano, a su potencial para lograr autosuficiencia energética y al peso que Silicon Valley tendrá en el proceso de digitalización de las manufacturas que está ocurriendo. A corto plazo, el gran riesgo estadounidense proviene del estancamiento político originado por la extrema polarización del electorado, una mayor crisis europea podría destrabarlo.

El tiempo se agotó. El destino nos ha alcanzado y veremos quienes tienen los tamaños para hacer lo que hay que hacer, aunque al hacerlo pierdan su puesto. Como dijo el senador Alan Simpson en una reunión en la que tuve la oportunidad de estar, “cualquier congresista que no esté dispuesto a hacer lo que es bueno para el país, por miedo a no ser reelecto, no merece el honor de ser congresista”. No podría estar más de acuerdo. La historia, en raras ocasiones, les da a los líderes oportunidades para trascender mucho más allá de los diarios, en los libros de historia. Ésta es una de ellas.

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