Economista Descubierta

El conflicto moral

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Decidida como estoy a salvaguardar al menos lo que tengo de fábrica, es decir, la capacidad crítica y el conocimiento adquirido, he decidido que ya que no me queda recurso laboral alguno, tengo que conseguir como sea salvar mi alma y recreo intelectual sin perder comba ni estabilidad.

Nos acaban de dar la bienvenida al tercer mundo, pero yo sospecho que ya estábamos instalados allí hace mucho tiempo. La corrupción generalizada y, sobre todo, el ahogo a los únicos que no teníamos más remedio que actuar de manera ética, nos ha puesto finalmente al nivel de los que como nada tienen, nada pierden por hacer cualquier cosa. Y si total, el infierno lo han quitado, la justicia es una farsa y los jugadores juegan al mus y no al fútbol, pues ya estamos en el agujero negro.

Dado que estamos en emergencia nacional, estoy dispuesta a aguantar que me quiten la paga extraordinaria, el seguro médico o lo que me quieran quitar. Total, la ilusión ya me la quitaron y derecho al pataleo no tengo.

Pero no soy imbécil, y me molesta participar de todo este asunto aunque sea votando una vez cada cuatro años. No me voy a ir a Sol a acampar, pero no me siento representada ni he dado un poder general de ruina a nadie para actuar en contra de mi conciencia y de mi inteligencia.

Estoy cansada y descorazonada, y me siento aliviada de tener esta esquina para desahogarme gratis en este Sitio Tan Interesante que es Truman Factor.

Me pregunto a veces si esto de verdad me pasa solo a mí y si estuviera en el círculo de los poderosos acabaría por corromperme como todos. Si acabaría enchufando a mis hijos y a los hijos de mis amigos, si acabaría vendiendo y cobrando favores y arreglando mis asuntos personales aunque fuera vendiendo mi alma. Si sería capaz de alterar las cosas con tal de adaptarlas a mi conveniencia.

Me consta que a mí, como a muchos, la crisis me ha vuelto más sensata y razonable, menos frívola y más cauta, menos confiada y más austera. Agradezco esta oportunidad que me hace necesariamente mejor, pero no puedo sino preocuparme de si seré capaz de seguir siendo moralmente irreprochable si me fuerzan a perder toda posibilidad de serlo por pobre, por cobarde o por las dos cosas a la vez.

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