Economista Descubierta

De profundis, o de los charcos (segunda parte)

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Me escribe C.W. desde Nueva York, donde está trabajando un ratito y paseándose el resto del tiempo. C.W. tiene ya un pedazo de puesto en una supermultinacional y viaja en aviones cruzando el charco sin parar. Vale mucho, se lo digo yo. Y me escribe desesperada porque dice que no puede más con las conversaciones de autosuperación y autoayuda. La verdad es que yo pensaba que ella se dedicaba al asunto financiero y no a la “psicología light”, como en su momento pensó, pero por lo visto ella no, pero los que la rodean sí. No quieren que les venda fondos de inversión, quieren que les escuche y contarles lo bien que se sienten después de haber leído “El caballero de la armadura oxidada”.

No quiero hacerme la interesante, que de todos los que escriben en Este Sitio Tan Sesudo donde me dejan desahogarme en modo heterónimo, soy sin duda la más superficial y menos (últimamente) leída, pero está claro que quitando un par de excepciones, nos rodea la estulticia. A poco que a uno le dé por hacerse el interesante, siempre acaba con la dichosa pasta blanda y la credulidad en cualquiera de sus formas.

Y C.W., como yo, tiene poco aguante, y eso que ella tiene muy ensayado decir que es sobrecargo de Iberia y/o esteticiene o cómo se diga. En lugar de un master en Epistemología, presume de master en uñas esculpidas y personal shopper. Yo, como soy de tamaño tirando a enano, y sobre todo, no salgo, no puedo inventarme lo de azafata, porque no cuela, y las uñas mejor ni mencionarlas, que todavía tengo restos de purpurina de un ataque creativo conscientemente no reprimido a mi hija.

A mí no me rodean los de la autoayuda, pero en este momento laboral me vuelven a rodear los networkers y los inventores de perfil deseable, porque por lo visto mis amigos ahora son mi capital social y es, de suyo, interesante para los demás. Y qué quieren ustedes que les diga, hartita estoy del asunto networking y relaciones superficiales, con conversaciones modelo WFA en su modo más peregrino o “empleabilidad” de los nuevos grados Bolonia en su formato más pretendidamente intelectual.

Yo no quiero ser pedante, que lo soy, ni hacerme la culta, porque me quedan muchas cosas que aprender y que volver a estudiar, pero de verdad que lo que debo de ser todavía es muy inocente, porque todavía me queda capacidad de asombro.

Y a C.W. también.

Enlace a la primera parte

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