Marcos Queijeiro

Última oportunidad de inversión en época de crisis

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Imagen de gráfico de barras mostrando tendencia de descenso

Hubo un tiempo en el que hacer dinero en España era muy fácil. No hacía falta tener estudios: cualquier nini encontraba trabajo en la construcción (de viviendas, de centros comerciales, de palacios de congresos, de aeropuertos de provincias desiertas) o detrás del mostrador de alguna tienda de Inditex (presente, como una maldición, en cualquier espacio de ocio y compras recién inaugurado). Los jóvenes con estudios podían pagarse un máster en cualquiera de los centros, a ser posible con nombre extranjero, les permitirían “diferenciarse” en un mundo laboral cada vez más competitivo a riesgo de acabar masificando el certificado de postgrado y, como consecuencia, anular su valor. Eso sí, los centros ya habían ganado una buena cantidad de dinero.

Había tantos euros disponibles que los bancos ofrecían créditos hipotecarios para comprar cualquier cosa que tuviera la cédula de habitabilidad, independientemente de su estado de conservación. También era muy fácil comprarse un coche a plazos: nuevo o usado, nacional o de importación. Los anuncios en la prensa de tarjetas de crédito oro estaban al alcance de cualquier ciudadano. El nivel de vida era tan alto que se popularizó hacerse un seguro médico privado y matricular a los niños en colegios también privados o, en su defecto, concertados. Los gustos se refinaron y aparecieron cursos de cata de vino, campos de golf y embarcaderos para yates. Todo ello a buen recaudo gracias a las empresas de seguridad… privada, por su puesto. Según los políticos en el poder, esto demuestra bienestar social, porque los servicios públicos no hacen más que mejorar gracias a su gestión (es lo que ellos dicen, no yo). Que el lector elija la administración que prefiera, el discurso se repite en todos los niveles.

Hoy en día echamos de menos aquellos tiempos, olvidando que también fue la época en la que nació el término mileurismo y “becario” rimaba con “precario” en un sentido muy poco poético. Sin embargo, la crisis no es un obstáculo para seguir ganando dinero a pesar de lo que nos dicen los periódicos cada mañana.

“La bolsa se desploma” denota una oportunidad única para comprar una empresa por un precio barato, hacerse con su control y quizá obtener unos dividendos muy altos; que una compañía baje en el parqué no significa que esa empresa tenga una cuenta de resultados negativa y no pueda generar buenos dividendos.

“La prima de riesgo se dispara” y los ciudadanos-contribuyentes se asustan porque ven como su país se endeuda y que sus impuestos irán a pagar los intereses generados por el Tesoro, en vez de mejorar los servicios públicos. En el otro lado están los ciudadanos-inversionistas que aprovechan la ocasión para comprar bonos del Estado con una rentabilidad cada vez mayor.

Existe el peligro de que ciertas economías estén tan resentidas que los países no puedan hacer frente a sus pagos, entonces es cuando las autoridades competentes se reúnen para privatizar lo que queda y los ciudadanos indignados organizan revueltas callejeras.

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