Economista Descubierta

Gestión de la propia carrera: suerte y caradura

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Hace ya algunos meses que mi amiga C.W. y yo, que se supone que trabajo en el negociado de personas y empresas, tratamos de buscar cuáles eran los requisitos imprescindibles para triunfar, especialmente porque a estas alturas del campeonato no somos nadie y, en bikini, mucho menos.

Coincidíamos entonces en que éxito=dinero, y que se dejen de pamplinas los de “El Alquimista” y asimilados de tapa blanda que te quieren vender eso de “lo importante es ser feliz con lo que haces”.

A mí, si por el doble de mi sueldo me ponen a limpiar la escalera de mi oficina, no sólo sería el doble de feliz, sino que mi jefe tendría una persona el doble de fiel.

Probablemente la escalera estaría además el doble de limpia, porque yo limpio bárbaro; aprendí joven y lo que pronto se aprende, tarde se olvida.

El que pretenda conseguir éxito en su carrera debe saber que hay dos condiciones necesarias, pero no suficientes. A saber:

– Suerte

– Caradura

En la primera entrevista para trabajar en el Sitio Elegante tuve suerte porque, mire usted por donde, el que luego sería mi jefe era el hijo de un catedrático insigne que no sólo le había dado clase a mi madre, sino que le había puesto matrícula de honor. Le pudo la emoción y me contrató. Cuando el mismo jefe entrevistó a C.W, resultó que, además de ser hijo del catedrático insigne, era padre de un antiguo novio de C.W. La suerte fue que el tal novio la había dejado a ella, y no al revés. Otro gallo hubiera cantado si C.W. le hubiese roto el corazón a su hijito. En ambos casos, como ven, el currículum fue lo de menos. Y además, C.W. llevaba chanclas, lo cual en el Sitio Elegante estaba harto mal visto.

Por caradura me refiero a no tener miedo de nada. Después de muchos años trabajando he llegado a la conclusión de que:

– el 90% de las veces el que está delante de ti no sabe de qué está hablando.

– el 87,5% de los jefes que he conocido está en el puesto por suerte, caradura o porque su familia tiene mucho dinero.

– el 82% de las veces el que te pregunta tu nivel de inglés no podría seguir Barrio Sésamo en el ídem.

Y así hasta el infinito.

Sólo una vez fui a una entrevista en la que pedían “Nivel alto de alemán” después de haber estado matriculada un año en una academia (matriculada, que no asistiendo). Al abrirme la puerta me dijeron “Guten Tag” y ahí supe que la siguiente media hora iba a ser de risa y bochorno.

Pero eso es todo, ¿qué podía perder? Media hora como mucho, pero si llega a colar, aún estaría ahí, de jefaza enorme.

Así que no se dejen llevar por tontunas ni mucho menos contraten a alguien para que les ayude a gestionar su carrera y sus expectativas. Hagan ustedes lo que buenamente puedan y confíen en la suerte, que no en la justicia.

La Economista Descubierta en blogspot.com

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