Economista Descubierta

No se lo crea, no se puede elegir: son lentejas

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No sé por qué nos hacen creer que podemos elegir. Ya he dicho muchas ocasiones que a veces añoro esa España que se parecía a Alemania del Este, donde podías pedir helado de chocolate o de vainilla pero no una bola de cada cosa. Es un horror ir a merendar a un sitio y que, a cada cosa que pidas, le salgan cuatro alternativas. Qué necesidad tengo yo de poder comprar las patatas fritas con sabor a barbacoa, a vinagre, a camperas o a estilo tradicional.

Así, tontorronamente, nos creemos que somos libres para merendar lo que nos dé la gana.

Eso sí, intente usted ir a un colegio que no le corresponda por zona. Amablemente le levantarán el dedo del medio. O intente usted irse a trabajar como funcionario a otra autonomía. Está usted aviado. O intente disfrutar de los servicios del ayuntamiento del sitio donde vive, pero no donde está empadronado. A lo mejor, porque quiere estar empadronado en Bilbao, de donde es, pero de donde se tuvo que ir y, sin embargo, donde quiere seguir votando para garantizar que ETA no esté en las instituciones. Pagar las basuras le dejarán, pero llevar a su madre al centro de día no le van a dejar.

Intente vacunar a su hijo en otra ciudad que no sea la suya. Se quedará el niño con el virus y usted con esa tarjeta sanitaria que no sirve para nada. Esperanza Aguirre, que ya saben que a mí me gusta mucho, ha permitido que uno pueda ir al médico al hospital o al centro de salud que más le guste, y no al que le toque por zona. Eso ha estado bien, y espero que lo extienda a los colegios, tal y como ha prometido, y que se acabe el engaño permanente de los puntos. A los liberados sindicales no les ha gustado ni miajita, pero a los que vamos al médico nos ha parecido estupendo.

Nos hicieron creer que con la TDT íbamos a poder elegir, y en la práctica se puede elegir entre mierda y teletienda, o, en el mejor de los casos, en tarot online. También nos dijeron que podríamos elegir compañía de la luz o del teléfono, y aquí estoy yo peleándome con la empresa de don Cesáreo (sí, Alierta no se llama César, se llama Cesáreo) porque no me deja marcharme; y lo peor de todo, no tengo a donde irme.

No tenemos seguridad de cobrar pensión alguna, no tenemos seguridad sobre qué pasará con nuestros ahorros, no tenemos seguridad de poder escolarizarnos; pero, eso sí, parece que somos libres para todo. Qué pringados. Sólo somos libres para comprar patatas con sabor a barbacoa.

Dicen por ahí que Zapatero es el político que más ha hecho por las libertades individuales de la Historia de España. De momento, nos ha puesto a fumar en la calle y a estudiar Educación para la Ciudadanía. Me río yo de la posibilidad de elegir todo lo que no sea el formato de las patatas; el resto, son lentejas.

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1 comments
Ana
Ana

¿No hay un poquito de amargura en el comentario?