Marcos Queijeiro

Reducir motores y aumentar los beneficios ¿de quién?

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Imagen que muestra vehículo despidiendo smog

De un tiempo a esta parte están apareciendo en el mercado nuevos modelos de automóviles con motores más reducidos. La disminución atañe al cubicaje y a la potencia, lo que redunda en unos consumos más contenidos y en menos emisiones de gases nocivos.

Los beneficios son tanto para el usuario, que gasta menos dinero en la compra de combustible; como para el medioambiente que resulta, en principio, menos contaminado. Digo en principio porque el negocio de estas compañías es vender coches, no el cuidado de parques y jardines (hasta donde yo sé). Por lo tanto, el aumento de número de vehículos acarrea un nivel igual o mayor de polución. Además, el ahorro de combustible queda anulado cuando estos nuevos modelos se encarecen con respecto a los antiguos independientemente de que cuenten con subvenciones públicas que, según tengo entendido, salen de los impuestos recaudados, no del bolsillo de los gobernantes. Por otro lado, los sistemas start/stop que reducen el consumo y los motores híbridos también suponen un sobreprecio.

La primera conclusión es que el conductor sigue gastando tanto más dinero y el planeta Tierra continúa siendo contaminado, pero las empresas automovilísticas se benefician económicamente. Lo cual es lícito porque: a) generan muchos puestos de trabajo y dan de comer a muchas familias, b) la competencia es tan feroz que la venta de un coche cubre los gastos de fabricación y transporte, las ganancias vienen del taller de reparaciones y recambios que, gracias a la incorporación de elementos electrónicos en los coches, siempre tienen trabajo.

Las compañías energéticas también están interesadas en la reducción del consumo de materias primas, pero no sé si para proteger el medioambiente o por otras causas como la reforestación de montes o la escolarización infantil y de la preparación de las élites del futuro. Tras revisar los apuntes de Introducción a la Economía, me doy cuenta de que tanto la teoría marxista como la capitalista no hacen referencia al ecologismo cuando hablan de los objetivos de las empresas sino la de generar beneficios económicos. Es entonces cuando capto el mensaje: no consumas mucho, deja algo para que podamos vendérselo a los demás y piensa que las generaciones venideras también son clientes potenciales.

Rodríguez Zapatero, después de pasar tres tardes hablando de Economía con Miguel Sebastián, ministro de Industria, es el único capaz de explicar en dos palabras la medida de reducir la velocidad máxima a 110 km/h: balanza comercial.

Quizá Felipe González y José María Aznar tengan otra teoría pero yo no creo que fuera mala solución gastar todo el petróleo hasta que ya no quede una gota. Total, no se trata de contaminar menos, sino de que más gente pueda contaminar durante más tiempo y de que las empresas ganen dinero. Tal vez así podrían resultar rentables otras fuentes de energía menos dañinas.

Eso o que venga un maya y me explique por qué si el mundo se acaba en 2012 tiene que ser tan lenta la agonía.

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Imagen Copyright © 2011 · Paul / FreeDigitalPhotos.net

 

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