Federico Mayor Zaragoza

Los mercados insaciables

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La puesta en práctica, en las modalidades adecuadas, de este tipo de alternativas financieras la hemos venido defendiendo incansablemente durante años y desde diferentes instancias, pero en especial desde la sociedad civil: el Foro Ubuntu[2], el Movimiento ATTAC o la reciente campaña de la “Tasa Robin-Hood”…

Es importante destacar que desde el año 2004, estas ideas han sido recogidas por un número considerable de Estados asociados en el “Grupo Piloto de Financiación Innovadora para el Desarrollo”. Este Grupo se halla liderado por Francia, pero cuenta con la participación directa de otros países como Japón, Brasil o Chile y, en estos momentos es España la que lo preside. Trabaja asimismo, en la elaboración de otras propuestas de financiación innovadora, y ha realizado estudios por grupos internacionales de expertos independientes que demuestran su viabilidad desde un punto de vista técnico.

A cuanto antecede, se suma el apoyo que le dio el pasado mes de marzo el Parlamento Europeo y la carta publicada en abril de este año suscrita por más de 1,000 economistas de instituciones tan prestigiosas como las Universidades de Harvard, Columbia, Oxford, Cambridge o el MIT, entre otras.

Se trata, pues, de un tema de voluntad política, pero sobre todo, de justicia.

Es indispensable y apremiante que, por las razones indicadas, se tomen medidas a nivel europeo –no sólo por el eje franco-alemán- para hacer frente a la “crisis de la deuda” pero no puede aceptarse de manera alguna que esta iniciativa se lleve a cabo, otra vez, a costa del incumplimiento reiterado de nuestras promesas de ayuda y solidaridad.

Un impuesto sobre el cambio de divisas y otros productos financieros es una necesidad imperiosa y justa, como nos recuerdan las terribles imágenes que nos llegan estos días desde el “cuerno de África”, a las que ya hemos hecho referencia.

Adoptemos, pues, el compromiso de trabajar para que las decisiones y medidas que se tomen en Europa en el futuro próximo y a medio plazo no se guíen por los mismos instintos de codicia y visión cortoplacista que nos han llevado al borde del abismo. Por una vez actuemos con sensatez y con firmeza.

Debe terminarse, resueltamente, con la fuerza que da la convicción de la gran mayoría de los ciudadanos –por favor, olvídense ahora algunos líderes de sus intereses partidistas y electorales- porque como ha escrito Irene Lozano, “la mayor amenaza a la autonomía individual reside en la debilidad de la democracia frente al poder financiero”.

No confiemos en el G-20, ni en la OMC… cuyas “rondas” como la reciente de Doha han demostrado su total ineficacia. Son otro fruto amargo de la “globalización”. Volvamos con presteza a unas Naciones Unidas fuertes, democráticas y no plutocráticas, unidas!

Ya en septiembre de 2010, daban la noticia[3] de que la Unión Europea estudiaba la posibilidad de impuesto sobre las transacciones para mejorar su capacidad recaudatoria. El documento de la Comisión Europea proponía dos tipos de impuestos: la tasa a las transacciones financieras (TTF) que se aplicaría al tráfico de operaciones financieras y la tasa sobre la actividad financiera (TAF), que gravaría el volumen de negocio de las actividades. Una versión más restringida (TFF2) debería sólo gravar las transacciones efectuadas con acciones y bonos.

Ahora la Comisión Europea[4] presentará en octubre una propuesta legislativa, antes de la Cumbre del G-20, que aplica una tasa del 0.05% a las transacciones, junto con un nuevo IVA Comunitario “para financiar el presupuesto de la UE en el período 2014-2020, con el fin de reducir las contribuciones directas de los Estados.

Holanda e Irlanda han pedido que no se aplique sólo a escala europea sino global para evitar “la enorme distorsión que se produciría”.

Antonio Valdecantos[5] advertía hace poco que “los ajustes a la crisis van a ser un estado de excepción permanente. Las decisiones cruciales ya no las toman los ciudadanos ni sus gobiernos, sino estos agentes económicos transnacionales llamados “los mercados”.”

No se puede pretender favorecer el crecimiento si el gran objetivo es reducir, sea como sea y perentoriamente, el déficit.

Las 255 mayores fortunas del planeta equivalen a la del 40% de la población más desfavorecida (2,500 millones de personas). Está claro que no podemos permitir esta nueva acción de los mercados insaciables.

La sociedad civil debe alzar la voz. Con unas instituciones que, como ATTAC, se formaron precisamente para favorecer este nuevo tipo de posibilidades de financiación alternativa, y en concreto la tasa sobre las transacciones financieras…

No lo vamos a permitir. Sería otro sueño que nos robarían… y, desde el 15-M, ya se sabe que, “si no nos dejan soñar, no les dejaremos dormir”.

Copyright © 2011 · Federico Mayor Zaragoza

Referencias:

[1] Schwartz, Marco, en “ Público”, 20/08/2011.
[2] Foro creado por la Fundación Cultura de Paz en el año 2000. Agradezco a su Director, Manuel Manonelles, su colaboración en la preparación de este “blog”.
[3] Missé, Andreu, en “El País”, 7 septiembre de 2010.
[4] Noticias de “El País”, 19 de agosto de 2011.
[5] Valdecantos, Antonio, en “El País”, 2.06.2011.

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