Peter Schiff

Tarde a la fiesta… otra vez

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Lo único más absurdo que la tardía e insuficiente rebaja de calificación de la deuda estadounidense por la agencia S&P fue la desmesurada reacción de los mercados. ¿Realmente S&P ha revelado algo que no se supiera? En cualquier caso, el anuncio de S&P debería de servir como llamada de atención para todos aquellos que hasta ahora habían permanecido ajenos a la explosión de la deuda estadounidense de los últimos años.

Dadas las preocupaciones de S&P sobre la capacidad de que el Congreso pueda hacer frente a los problemas fiscales a largo plazo, ¿sobre qué base se puede concluir que los EE.UU. merecen su actual calificación de “AAA”? La más alta calificación posible se debe reservar para los países fiscalmente responsables y con un panorama fiscal muy claro. Si S&P realmente tiene indicios de que los EE.UU. no va a hacer frente a su déficit, la calificación de “AAA” se debería de rebajar de inmediato.

Según ha admitido, S&P no está seguro de que el Congreso pueda tomar las medidas necesarias para conseguir poner orden fiscal en los Estados Unidos. Dado esta incertidumbre, la agencia deberia de proceder, de inmediato, a rebajar su calificación de la deuda soberana de los EE.UU. varios peldaños por debajo de la “AAA”. Entonces, y si los EE.UU. logran reestablecer el orden, la calificación “AAA” podría ser restaurada. Si por el contrario, la situación se deteriora, algunas rebajas adicionales de rating serían el curso a seguir.

“AAA” es la nota más alta que S&P puede otorgar. Es el equivalente en Wall Street a una “strong buy”. Si un analista de acciones tiene serias preocupaciones de que una empresa puede ir a la quiebra, ¿por qué mantendría una posición de “strong buy”? ¿Quiere decir que si la empresa finalmente entra en bancarrota el analista reduciría su valoración un peldaño menos?

En realidad, si la bancarrota es un hecho factible, la valoración debería de ser reducida de inmediato. Sólo si las perspectivas de mejora fueran lo suicientemente fuertes como para despejar por completo la posibilidad de (eliminar “la”) quiebra se podría considerar la máxima calificación de una empresa.” Si el rating de las acciones advierte de que hay problemas, y si la bancarrota finalmente ocurre, los inversores habrán actuado de forma informada, ya sea comprando o no comprando dichas accciones.

Naturalmente, la actual postura de S&P es muy cómoda. En el poco probable caso de que el Congreso de los Estados Unidos actúe de manera responsable en cuanto a materia fiscal se refiere, S&P simplemente actualiza su previsión sin tocar la calificación “AAA” sobre la deuda. Si lo contrario ocurre y nos vemos inmersos en hiperinflación, S&P puede salvar la cara haciendo referencia a su reciente previsión. Esto es como si un analista de valores recomienda una determinada empresa como “strong buy”, pero la califica como “valor para especular”.

La conclusión es que la calificación “AAA” de la deuda soberana de los EE.UU. es pura política. S&P simplemente carece de la integridad necesaria para valorar la deuda de los EE.UU. de manera honesta. S&P goza también de una relación demasiado buena/cómoda con el gobierno de los EE.UU. y Wall Street como para amenazar el statu quo. De hecho, habida cuenta de la culpabilidad de las agencias calificadoras en la crisis financiera, bien puede ser un quid pro quo que, mientras la calificación de los EE.UU. se mantenga en “AAA”, las agencias de calificación seguirán disfrutando de sus monopolios, y que no se permitirán denuncias penales o civiles relacionados con la inadecuada calificación de valores respaldados por hipotecas.

Recuerde que S&P mantuvo la calificación de “AAA” a un sinnúmero de valores respaldados por hipotecas hasta el mismo momento en que el papel se convirtió en nada. Sorprendentemente, las agencias de calificación pudieron conservar su condición y su capacidad para influir en los mercados tan pronto pasó la polvareda que levantó la crisis financiera.

Hoy están cometiendo el mismo error con los bonos del Tesoro de los EE.UU. Una vez que sea obvio para todos que los EE.UU. no podrá hacer frente a su deuda o que inflará sus obligaciones a largo plazo, S&P rebajará su calificación a AA +. Tal medida será de poco consuelo para los inversores que dejó tirados en la cuneta.

En su análisis sobre la solvencia de los EE.UU., S&P normalmente toma en cuenta factores como la capacidad del gobierno para imprimir dólares como salida a su atasco fiscal. Como resultado, se aplican criterios muy distintos a los que corresponden a empresas privadas o gobiernos cuyas monedas no son de reserva. Sin embargo, esta agencia no tiene en cuenta y descarta por completo (eliminar “completamente”) el que la impresión imprudente de dinero incide en el valor del propio dólar. Se puede asegurar que los inversores cobrarán, pero la agencia no les puede decir qué podrán comprar con ese dinero.

Copyright © 2011 · Peter Schiff

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Traducido al español y publicado con autorización de Peter Schiff.
Translated and published by kind permission of Peter Schiff.
Enlace a versión original del artículo (en inglés)

 

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