Economista Descubierta

Las noruegas y la igualdad

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He leído hace poco una entrevista con una señora noruega, a la sazón presidenta de los empresarios noruegos o algo semejante; entrevista en la cual se le preguntaba por las cuotas, la igualdad, la diversity y el reparto equitativo de las tareas del hogar. Por lo visto es madre de dos pares de mellizos (la pobre) y no tiene ayuda en casa, salvo alguna au pair ocasional (que como todo el mundo sabe, no sólo no ayudan, sino que estorban). Todo un mérito.

Claro está, decía ella, que Noruega es un país rico que puede permitirse guarderías, asilos y, sobre todo, tiene horarios normales y no imposibles como los nuestros, con las dos horazas para comer que no sirven para nada más que para dar de comer a los bares y los gimnasios.

Decía ella que en España los trabajos domésticos siguen recayendo fundamentalmente en las mujeres. Eso, naturalmente, es culpa de las mujeres (lo digo yo, no la noruega) que no hacen huelga de trapos caídos ni dejan el cesto de la plancha llegar hasta el cielo. Pero, por otro lado, no me va a decir a mí el estado que institucionalice a mis padres o a mis hijos en un asilo o guardería si los quiero tener en casa con una marmota paseadora.

También decía que la baja de paternidad obligatoria y las cuotas habían ayudado mucho a que las cosas se repartieran de verdad y las mujeres pudieran superar el famoso “techo de cristal”. En lo primero estoy bastante de acuerdo y lo segundo ya saben que me repele, porque siempre pensé que quería que me contrataran por lo que tenía entre las orejas y no entre las piernas.

El caso es que yo, que me trago madrileños y españoles por el mundo todas las semanas no me cambiaba por la noruega ni de coña. Empezando por los dos pares de gemelos, que me da susto sólo de pensarlo, y siguiendo por lo de no tener ayuda en casa. Y no porque yo vaya de mujer objeto, sino porque presumir de pringada es lo último. Tiempo para hacer los deberes, sí; tiempo para planchar, paso.

Sé que es injusto porque finalmente las tareas las acaba haciendo otra mujer, aunque para levantar, asear y pasear padres ancianos también sirve un hombre y conozco a más de uno que lo hace.

La inspección de trabajo se va a cebar con los planes de igualdad el próximo año, y está la cosa en España como para dejar de trabajar el que tenga la suerte de conservar su empleo. A poco que empiecen a obligar a cuota y diversity nos vamos a quedar en la calle las pocas que hayamos conseguido un trabajito, porque lo curioso es que con que la directora general sea mujer y en el consejo haya un par de “floreritos”, la diversity y la cuota se han cumplido; y el resto a currar como una mula, dentro y fuera, como, por cierto, la mayor parte de los hombres en la mayor parte de las casas normales.

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