Peter Schiff

Las dos caras de Ben Bernanke

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Fotografía de Ben Bernanke

Ben Bernanke

Dadas sus declaraciones recientes, el presidente de la Reserva Federal parece estar decidido a dar al dólar de EE.UU. la misma imagen que la del egipcio Hosni Mubarak: una reliquia del pasado que todo el mundo está de acuerdo en que debe desaparcer, pero que se aferra obstinadamente a una posición privilegiada. El dólar es actualmente la moneda de referencia, pero, al igual que ha ocurrido con Mubarak, estimo que el creciente descontento público estimulará un cambio de régimen más rápido del que la mayoría de los expertos esperan.

Claramente, el problema más significativo al que se actualmente se enfrentan los banqueros centrales de todo el mundo es la inflación, que está provocando disturbios en Asia y Oriente Medio. Con respecto a esta cuestión, Ben Bernanke está alternando sus respuestas a través de dos personajes diferentes.

A veces opta por actuar como Bagdad Bob, el ministro iraquí de Información, que en los primeros días de la invasión de Irak en 2003 seguía negando la presencia de tropas estadounidenses en su territorio, incluso con el rugido de los tanques de EE.UU. resonando detrás de él. La semblanza con el testimonio de Bernanke ante el Congreso hoy es sorprendente.

En declaraciones a la Comisión de Presupuesto de la Cámara, no sólo Ben Bagdad afirmó que no hay evidencia de inflación en EE.UU., sino que incluso afirmó que los alimentos y los precios de energía están subiendo a un ritmo inferior al 1% anual. Esto simplemente no es verdad. Luego dijo que las masivas compras de bonos del Tesoro por parte de la Reserva Federal no han distorsionado la curva de rendimientos, a pesar de que ha declarado en repetidas ocasiones que el programa de “flexibilización cuantitativa” o QE fue diseñado específicamente para reducir las tasas a largo plazo.

La razón detrás de estas mentiras debería resultar evidente: reconocer las amenazas inflacionarias le obligaría a subir las tasas. Pero Ben Bagdad sabe que la actual “expansión” económica es una mentira construida sobre el débil cimiento de tasas de interés muy bajas. Él sabe que cualquier alza en las tasas de interés, por muy lijera que sea, provocará el retorno a una recesión salvaje. En su opinión, la única opción es vendernos una ficción elaborada aun cuando es obvio que ésta choca con los hechos.

En otras ocasiones, el presidente Bernanke asume el personaje de María Antonieta, profesando total indiferencia sobre cómo sus acciones afectan negativamente a la gran plebe. En una conferencia de prensa poco frecuente de la Fed la semana pasada, Bennie Antonieta mostró una actitud “que coman pasteles” al declarar que la política monetaria de EE.UU. está diseñada sólo para para beneficiar a los EE.UU., y que las consecuencias negativas en otros países no son su problema. Como resultado, en términos generales, la Reserva Federal se auto-absolvió de toda culpa por la inflación mundial, poniendo en su lugar a los gobiernos extranjeros por no permitir que sus monedas se aprecien y por mantener sus tasas de interés demasiado bajas.

Es este tipo de actitud del autor de la política monetaria de EE.UU. – de negar la inflación o buscar culpables en otros lugares – es lo que está acelerando la llegada del día del juicio final del dólar.

Sorprendentemente, y a pesar de todos sus defectos, el dólar sigue siendo la moneda de reserva del mundo. Así que, por ahora, EE.UU. sigue gozando de todos los derechos y privilegios que acompañan este hecho, incluyendo precios al consumo más bajos y menores tasas de interés. Pero junto con los beneficios viene la gran responsabilidad de no conducir la política monetaria de manera aislacionista. Dado que el dólar es la moneda de referencia mundial, cuando se devalúa, otras divisas deben seguir el ejemplo. Debido a la masiva impresión de dólares desde hace algún tiempo a la fecha, el dólar ha pasado de ser un instrumento de estabilidad a un instrumento de inflación.

Una moneda de reserva no puede mantenerse en declive perpetuo. Dado que el abandono del dólar como moneda de reserva implica un cambio radical con consecuencias desconocidas, los gobiernos han sido muy reticentes a tomar semejante decisión. Por lo tanto, están actuando para mantener el statu quo. Pero, al hacerlo, están fomentando el alza de inflación en sus propios países. Desafortunadamente, esta estrategia puede resultar mucho más arriesgada.

Otros factores también influyen en los bancos centrales extranjeros para quedarse con el malo conocido que el bueno por conocer. Por un lado, los mercados emergentes compiten para exportar sus productos a Estados Unidos y nadie quiere renunciar a lo que considera que es su ventaja competitiva. Ninguno de estos gobiernos parece entender que si el dólar se derrumba, nuevos clientes de sus propios países aparecerán de forma instantánea en el momento que sus monedas se aprecien frente al dólar.

Los mercados emergentes también se sienten obligados a proteger el valor de los billones de dólares que ya tienen en reserva. Al igual que los comerciantes que vierten dinero bueno sobre dinero malo, su instinto les incita a mitigar el coste de su posición. La realidad es mientras más dólares compren, más dólares perderán. Una vez que se den cuenta de que la revalorización de su propia moneda compensará con creces sus pérdidas frente dólar, soltarán amarras y emprenderán su propio camino.

Cuando los gobiernos de los mercados emergentes decidan que ya no quieren comer el pastel de Bennie, sino más bien mantener sus precios, tendrán que aplicar políticas monetarias más restrictivas. Cuando eso suceda, el dólar perderá su condición de reserva. Cuando el resto del mundo deje de referenciar su monedas con el dólar, la Reserva Federal no tendrá que preocuparse por la inflación global, sino que la inflación se quemará en nuestros bancos y cuentas aquí en casa. Y el incendio, tan concentrado, arderá mucho más violentamente que el fuego que se ve en el extranjero.

Copyright © 2011 · Peter Schiff

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Traducido al español y publicado con autorización de Peter Schiff.
Translated and published by kind permission of Peter Schiff.
Enlace a versión original del artículo (en inglés)

 

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