Luis Martín

La rotonda de los locos

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Como tantos otros, Peter Tchir lleva meses subrayando lo totalmente absurdo que resultan todos los planes de ampliación y estructuración del Fondo de Estabilidad Financiera Europea (FEEF). Se mire por donde se mire, falta, para empezar a hablar en serio, un trillón de euros que realmente convenza a los mercados de que Europa se defiende (aunque Yanis Varoufakis habla de cuatro trillones). Nadie lo quiere poner, y los chinos no han picado. La burocracia europea, temerosa de verse en la calle, ahora vuelve con los eurobonos y Merkel les vuelve a decir que no. Como también dice que no a la idea de que el BCE se convierta en caja chica de los estados miembros. No habrá expansión monetaria à la Fed, como tampoco habrá compra indefinida de papel por parte de dicha entidad.

En un brillante artículo publicado en Foreign Policy hace catorce años, Martin Feldstein advertía de los riesgos de seguridad que la UME podía suponer a Europa, incluso cuando la unión política que buscaba Helmut Kohl tenía como fin principal “contener a Alemania dentro de Europa”. Advertía del error de no haber incluido una cláusula de salida en un contrato de “matrimonio” perpetuo y de las tensiones que semejante camisa de fuerza podría acarrear. En 1997 más de uno tildó a Feldstein de loco, pero hoy parece que los lunáticos son otros.

Resulta dolorosamente obvio que Alemania, la exportadora neta de la UE y única beneficiaria de la actual situación, sólo compra tiempo para decidir cómo y cuándo abandona el euro y se enroca en una alianza con sus pares. Y así pasa el tiempo, los países de la periferia cada vez más asfixiados y las vacas sagradas del europeísmo tachando de loco a quien sugiera que ha llegado la hora de decir “basta, el euro fue un error”. El fin de la UME no tiene que ser el fin de la UE, pero si no se rompe el bucle, los peores augurios de Feldstein podrían materializarse.

Salvo que en Europa surja un líder polìtico lo suficientemente valiente para dar el paso, el loco entre los locos que se atreva a romper el bucle demencial y emprender la marcha en sentido contrario a lo que dictan los eurócratas, nos dirigimos de forma inexorable al centro de la tormenta que se aproxima.

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