Nunca como ahora la tecnología ha cambiado nuestro día a día. Todavía recuerdo cuando mi padre me mostraba asombrado la máquina de facsímil que permitía enviar en forma remota un papel firmado, ahora éstas están destinadas a ocupar en los museos un lugar junto a las máquinas de escribir y las de télex. Hoy podemos —utilizando herramientas como Skype— ver la cara de alguien con quien “hablamos por teléfono” (en forma prácticamente gratuita) a miles de kilómetros de distancia, podemos tener una junta en forma remota con quien está en países distantes, y enviar una fotografía del instante que vivimos —tomada con nuestro teléfono— a alguien en el otro extremo del mundo. Un médico en Rochester puede participar en una cirugía que ocurre en Francia, y si tenemos una pregunta sobre nuestra computadora quien nos la responde está quizá en la India. Y, sin embargo, seguimos atacando nuestros problemas con criterios cortoplacistas y tradicionales como si el mundo no hubiera cambiado. Seguimos pensando en comales, no en microondas.
El persistentemente alto desempleo en la economía estadounidense se ha vuelto el más cruel verdugo de carreras políticas, y es quizá la principal amenaza para la posible reelección de Barack Obama en 2012. Sin embargo, el gobierno insiste en remediarlo con recetas tradicionales. Los políticos siguen sin darse cuenta de los nuevos componentes de la economía —la mayoría de ellos positivos— que provocan menores niveles de empleo. Jack Welch, ex CEO de General Electric dijo en una entrevista con la cadena televisiva CNBC que una empresa en la que hoy invierte, tenía 26 mil empleados en 2007 y generaba 12 mil millones de dólares de ingresos. En el año 2013, regresarán al mismo nivel de ingresos, pero sólo tendrán 14 mil trabajadores. Esto ocurrirá debido a la incorporación de tecnología de información en procesos productivos. En una realidad así, es de vital importancia a largo plazo invertir en el entrenamiento de la fuerza de trabajo y fortalecer el sistema educativo; a corto plazo, es fundamental propiciar la movilidad geográfica de los empleados (cualidad que siempre ha contribuido a que los niveles de desempleo en Estados Unidos sean mucho menores a los de países europeos, por ejemplo). Lejos de apuntalar esa fortaleza, el gobierno decidió proponer una moratoria en el embargo de casas, medida que mantendrá a las familias en las zonas más golpeadas por la crisis —como Nevada, con más de 14% de desempleo— evitando que vayan a los estados menos afectados —como Dakota del Norte, con menos de 4%—; y en otra errada medida que ha arraigado a los desempleados en donde no deben estar, han extendido seguros de desempleo de 26 a 99 semanas (y, posteriormente, por trece meses más), incrementando el riesgo de obsolescencia de los trabajadores, y el riesgo de que el desempleo se vuelva estructural.
Estudios hechos por Lawrence Katz de la Universidad de Harvard y Bruce Meyer de la de Chicago demuestran cómo crece exponencialmente la dificultad de conseguir empleo conforme alguien permanece desempleado, y cómo decrece la capacidad del trabajador para negociar una compensación razonable. Además, un estudio del Proyecto Nacional de Ley Laboral encontró que los impuestos sobre las nóminas (“payrolls”) se incrementaron 34% en promedio en 41 estados debido a la necesidad de cubrir el creciente costo del seguro de desempleo, lo cual lleva a hacer más caro contratar gente. En cierta forma, a más seguro de desempleo, más costo de emplear y, a pesar de tanta evidencia, el populismo y el cortoplacismo siguen dominando. Lo importante es hacer aquello que genere votos mañana, no lo que sea lo mejor para la gente a largo plazo.
El presidente de Estados Unidos ha dicho que uno de los riesgos de que el desempleo se mantenga alto por más tiempo está en que las empresas “están aprendiendo a hacer más con menos”. Él está muy equivocado pues es justo ahí donde está la gran oportunidad. Sí, la invención del teléfono le quitó trabajo a mensajeros, la de la PC eliminó a millones de secretarias, y los ATM’s (cajeros automáticos) dejaron a muchos cajeros de carne y hueso sin empleo. Pero la productividad de la economía ha aumentado y ese progreso libera a gente que tendría trabajos rutinarios y clericales, y que ahora puede tener acceso a otros con más posibilidad de ascenso y progreso. En el extremo, el empleo puede aumentar en función de la ineficiencia de las empresas, pero eso condenaría a la economía a no desarrollarse y al trabajador al estancamiento pues más trabajadores se repartirían ingresos menores, la capacidad para reinvertir estaría limitada, y el desarrollo de investigación y análisis carecería de fondeo.
Como siempre ocurre, la revolución tecnológica y la nueva realidad generará ganadores y perdedores. Los periódicos impresos, por ejemplo, podrían tener sus días contados, pero aquellas empresas noticiosas que entendieron que su finalidad no es distribuir un diario impreso a las puertas de sus lectores, sino asegurarse de que éstos reciban noticias en forma oportuna —ya sea por un correo electrónico, para verse en un iPad, o en un teléfono celular— tienen la posibilidad de sobrevivir y seguir adaptándose. Los medios electrónicos también implican reducir costos de impresión y distribución. Hace diez años, las primeras personas que vieron Facebook o YouTube se rieron tanto como las que vieron Twitter hace cuatro años. Facebook, fundada hace seis años, tiene un valor en el mercado de más o menos la mitad de lo que vale Ford Motor Company, fundada hace 114 años. Esta última hace automóviles, le desafío a que me explique qué es lo que hace la primera y cómo genera ingresos como para justificar tal valuación en el mercado.
Las grandes oportunidades se presentan en las grandes crisis, y ésta no será la excepción. En mi opinión, la probabilidad de que países, empresas o individuos estén entre los vencedores, y no entre los vencidos, se incrementa en función a entender la potencial sucesión de lo que viene.
Hay abundantes ejemplos históricos de elementos positivos y negativos de las grandes crisis. De hecho, las dos previas (de esta magnitud) se presentaron en 1873 y 1929. La primera fomentó creatividad que acabó engendrando el avance tecnológico más influyente en los últimos dos siglos: la invención de la máquina de vapor. Generó cambios profundos en la forma de producir acero, y gracias a éstos se habrían de desarrollar la industria automotriz, los rascacielos y los aviones. En la segunda, sin embargo, la sucesión de una medida cortoplacista tras otra provocó proteccionismo y que la crisis estadounidense se exportara a Europa afectando a Alemania, uno de los principales socios comerciales de Estados Unidos en ese momento, provocando que el ingreso alemán bajara 40% entre 1929 y 1933, entorno propicio para el ascenso de Hitler —un perverso populista que aprovechó el descontento y el deseo de buscar culpables— tomara posesión como canciller en enero de 1933.
Jean Monnet, el padre de la Unión Europea, decía que “la gente sólo acepta el cambio cuando se enfrenta a la necesidad, y sólo reconoce la necesidad cuando la crisis lo asecha”. En algún sentido, analizar una crisis y anticipar cómo ésta irá mutando, lejos de implicar una posición pesimista o inquietante, ofrece la perspectiva más optimista posible: aquella en la que finalmente haremos frente a retos que pondrán énfasis en los colosales desbalances y situaciones incoherentes que se han ido desarrollando lentamente como un tumor maligno que imperceptiblemente crece y se metastatiza hasta poner en peligro al organismo entero. Como en el caso de un cáncer, éste atenta contra la salud general no por su efecto directo, sino porque para crecer acaba privando a órganos vitales de los recursos que necesitan para desarrollarse en forma sana.
Al igual de lo que ocurre a nivel individual cuando la estabilidad y la prosperidad provocan complacencia y esfuerzos desmesurados por mantener el status quo, los grandes cambios sólo se generan en momentos de crisis. Si ésta se aprovecha, uno puede salir fortalecido, más ágil y más preparado; si no, una crisis generará otra mayor y potencialmente devastadora. Es justo ese el punto en el cual estamos. Podemos tomar medidas inteligentes y visionarias, o simplemente esperar a que el cáncer se vuelva incurable.
Si aceptamos que ésta no es una crisis cíclica ordinaria, comprenderemos la infinita confusión que proviene de la constante reiteración de analistas optimistas patológicos y de medios de información que discuten incansablemente si “la crisis ya acabó” o no. Regresando a la analogía del cáncer, esa pregunta equivale a que un enfermo ya diagnosticado con esa enfermedad pensara que ha quedado curado, sin haber tenido tratamiento alguno, por el simple hecho de estar en remisión o por haber recibido medicamentos paliativos. Si analizamos los orígenes de esta crisis, y lo haremos, podremos ver que éstos permanecen intactos en el mejor de los casos, o que se han agravado, en el peor.
Copyright © 2011 · Jorge Suárez. Todos los derechos reservados.
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Truman Factor agradece al autor y a Random House Mondadori su deferencia al permitirnos publicar esta obra.
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Aún sin terminar de leer el artículo, el cual me parece sumamente interesante, creo que sería importante Jorge que fueras más cuidadoso de la ortografía, pues fallas en ella demeritan un texto bien redactado, y no hablan bien de quien las comete. En la cita que haces de Jean Monnet, en la introducción, asecha no se escribe con s, se escribe con c, viene del verbo acechar, es decir aguardar, vigilar, observar cautelosamente. En el cuarto párrafo mencionas transe coyuntural, debe escribirse con c, trance, que significa lance, suceso, problema, etc. No he encontrado otras fallas, espero que ya no haya, y que no te moleste mi comentario. Tu sintaxis en ocasiones la encuentro un poco forzada. Cuando termine de leer el artículo te comentaré el fondo del mismo, me gusta tu enfoque. También soy economista. Saludos
acechar. (Del lat. assectāri, seguir, perseguir). 1. tr. Observar, aguardar cautelosamente con algún propósito. asechar. (Del lat. assectāri, ir al alcance de alguien). 1. tr. Poner o armar asechanzas. asechanza. (De asechar). 1. f. Engaño o artificio para hacer daño a alguien. U. m. en pl.
No sé en que contexto estaba aplicada la palabra, pero quizás esto pueda dar luz a la cuestión sobre si es con “C” o con “S”. Atentamente
jajajaja…. que chistosa conversacion. creo que el demeritar un articulo es muy facil. Hablar y hablar tambien. No me interesa que piense cada uno, Ni me interesa saber si son economistas o criticos, lo unico que puedo decir es lo siguiente.
1.- Me encontre con un articulo (interesante desde mi punto de vista)
2.- Lei los comentarios de cada uno… respetuosamente y sin denigrar lo que piensa cada uno. (Por dios, eso seria una estupidez, ¿acaso no vivo en el siglo xix?)
3.- Me encontre con la recomendacion de un cuento del ying y el yang (No se si asi se escriba esta palabra) y un pozo que dice que las cosas no cambiaran…. woawww.
Entonces quiere decir el coloquio, que; “ES LA MISMA GATA PERO REBOLCADA”
4.- Me quede intrigado. “El señor que hablo de este libro, ¿lo habra leido por completo? o ¿lo leyo a medias como el articulo?
5.- Para mi no importa quien escriba mejor, o si tienen faltas de ortografia. (no es relevante)
la intension de dar su opinion es buena. Ni mucho menos creo que hable mal de una persona, Conosco a alguien que no termino la secundaria. y sabe muy bien de economia. jajaja que ironico. y ademas es bueno haciendo dinero.
6.-¿Existira alguna persona que sepa como se escriben correctamente todas las palabras de nuestro alfabeto? Mexico se escribia con “J” al igual que Tejas (Mejico-Tejas) hace muchos años. y no dejan de serlo.
7.- Aprendi algo, a ser tolerante. y respetar la opinion de las demas personas, aunque difiera de ellas. y eso de querer tener la razon en todo… ehhh no es lo mio.
8.- Esto termino como Dictado en la materia de español. jajajaja
9.- Gracias por la aportacion del Wikipedia. yo de mi parte los estare “acechando” con “c”
10.. Me diverti leyendolos. Espero no ser ofencivo. solo es lo que creo.
Al terminar de leer la elocuente descripciòn del Dr. Suàrez sobre la crisis que se nos viene, sòlo se me vinieron a la mente las lìneas de la antiquìsima publicaciòn del libro de las mutaciones I CHING que creo hace una descripciòn muy sabia de estas situaciones en su signo “El Pozo de Agua” y del cual transcribirè algunas lìneas: “Las ciudades capitales eran a veces transladadas en la antigua China. En parte por motivos de ubicaciòn, en parte al producirse los cambios de dinastìa. El estilo de edificaciòn se modificaba en el curso de los siglos, pero la forma del pozo sigue siendo la misma desde tiempos antiquìsimos hasta nuestros dìas. Asì el pozo es un sìmbolo de la organizaciòn social de la humanidad en cuanto a sus necesidades vitales primarias, e independiente de todas las formaciones polìticas. Las formaciones polìticas, las naciones, cambian, pero la vida de los hombres con sus exigencias sigue siendo eternamente la misma. Esto no puede modificarse. Asimismo, esa vida es inagotable. No disminuye ni aumenta y està ahì para todos. Las generaciones vienen y se van y todas ellas disfrutan de la vida en su inagotable plenitud. Sin embargo, para una buena organizaciòn estatal o social de los hombres hacen falta dos cosas: Es necesario descender hasta los fundamentos de la vida. Toda superficialidad en el ordenamiento de la vida, que deje insatisfechas las mas hondas necesidades vitales, es tan imperfecta que no difiere de un estado en el cual ni siquiera se hubiese hecho algùn intento de ordenamiento. Asimismo, acarrea males una negligencia a causa de la cual se rompe el càntaro. Cuando la protecciòn militar de un Estado, por ejemplo, se exagera al punto de provocar guerras por las que se ve destruido el poderìo del Estado, esto equivale a la rotura del càntaro. Tambièn en lo relativo al hombre individual debe tomarse en consideraciòn este signo. Por diversas que sean las inclinaciones y las formaciones de los hombres, la naturaleza humana en sus fundamentos es la misma en todos los casos. Y cada cual puede proveerse durante su formaciòn, recurriendo a la fuente inagotable de la naturaleza divina de la esencia humana. Pero tambièn al respecto existe la amenaza de dos riesgos: en primer lugar, que durante su formaciòn uno no penetre hasta las verdaderas raices de lo humano y màs bien quede atascado en medio de las convenciones -semejante semicultura es tan mala como la incultura-, o bien que sùbitamente uno claudique y descuide la formaciòn de su ser.” Hasta aquì, con el Dictamen de el signo “El Pozo”, que he tomado prestado para reflexionar sobre la situaciòn que se espera en un pròximo futuro, y que creo que no necesita de màs aclaraciòn, a mi modo de ver, y si asì no se considera, tambièn agradecerìa mucho su contestaciòn. Atentamente.
Al Sr Juàn M. Saldìvar: Aunque es muy importante escribir correctamente, creo que en este caso lo que màs me importarìa leer de un Sr. Economista, no es que le parezca “sùmamente interesante” un artìculo, sino darnos alguna luz sobre este tema. Con todo respeto.
Hola,
Con todo respeto creo q no se puede dar una amplia critica de un libro del q solo se ha publicado una introduccion, a mi parecer la anterior mencionada es muy buena, pienso q en efecto la ortografia puede cambiar el sentido de la oracion o el argumento, sin embargo, ambas deficiones citadas arriba pueden entrar dentro del contexto de lo q el autor quizo expresar, por lo que considero q solo el podria aclarar dicho punto, ya q el lenguaje y la ortografia de nuestro español es muy amplia y dudo q exista algun mexicano q conozca todas y cada una de dichas reglas.
En lo que a mi concierne es una introduccion bastante interesante y en efecto no nos da la luz para saber q debemos hacer, sin embargo, hago hincapie en que es solo una introduccion, por lo que es posible q puedan leer entre lineas en el contenido del texto dichas dudas
saludos