Marcos Queijeiro

Información, opinión y refritos

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El siglo XXI es la era de Internet gracias a su fácil acceso, conexión, difusión, inmediatez e interactividad. Esto ha propiciado el nacimiento de numerosos periódicos online y mayor pluralidad a la hora de analizar un hecho, lo cual es muy positivo. El problema comienza cuando hay que definir qué es noticia.

La mayoría de medios digitales usa notas de agencias de prensa, a veces ni siquiera las modifican y dichas notas aparecen repetidas exactamente igual en diferentes periódicos. Otros, además de carecer de recursos propios, aprovechan para editorializar la noticia y adecuarla a la línea seguida por el medio en cuestión.

La falta de contenidos inéditos y la mezcla de información con opinión están contaminando al periodismo actual, un periodismo que no merece llamarse como tal. Para redactar una noticia de primera mano hay que estar en el lugar de los hechos y hablar con los protagonistas. La tarea de un reportero es ir a las fuentes, no a Google. Los buscadores de Internet ayudan a documentarse y ofrecen datos, pero no pueden ser considerados el origen de la noticia.

Reportera escribiendo en ordenador

Llamar “informativo de autor” a la mezcla de información y opinión está tan generalizado que ya nadie se sorprende. Además, la ideología de los medios está tan marcada que todo el mundo puede elegir el que más se adecue a su forma de pensar. La fórmula “información = objetividad” y “opinión = subjetividad” dejó de tener sentido en el “periodismo creativo”.

Por otro lado, los blogs son meros diarios colgados en Internet donde el autor expresa su punto de vista. Su valor radica en que ofrecen la posibilidad de conocer reflexiones con más o menos criterio según quien escriba y sobre qué. Algunos periodistas cuentan con este tipo de bitácoras para dar a conocer su opinión, también hay personas de otras profesiones y con otra formación que juegan a ser periodistas mediante un blog.

Los confidenciales merecen una mención especial porque han convertido los rumores y las noticias no contrastadas en periodismo. Toda una paradoja. La utilidad de los confidenciales radica en que se supone que ofrecen adelantos de lo que va a ser noticia gracias a información privilegiada. La realidad es mucho más triste ya que normalmente sólo ofrecen noticias interesadas o datos tan vagos que no aportan nada, dando la sensación de que sus autores se lo están inventando. Otro de los puntos débiles de los confidenciales es el anonimato. Internet es de por sí un medio donde esto abunda y no dar la cara resta credibilidad.

Una noticia ha contener información de primera mano y tiene que responder a seis preguntas: qué, quién, cuándo, cómo, dónde y por qué. Nada más y nada menos. Cualquier otra cosa puede considerarse opinión o refrito, pero nunca un artículo periodístico.

Imagen: copyright © · Dundee Photographics / FreeDigitalPhotos.net

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