Federico Mayor Zaragoza

“Final de ciclo”… ¿Principio de qué?

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Hoy publica El País un Editorial “especial”, diciendo que se ha llegado al “final de ciclo” y que deben realizarse elecciones anticipadas sin dilación. Incluso noviembre les parece tarde. ¿A qué vienen tantas prisas? ¿Cómo se justifica la oportunidad nacional e internacional de tanto apremio? Con la que está cayendo en Estados Unidos y en Europa en términos económicos, con el acoso de los mercados a la acción política, con el desprestigio de los poderes mediáticos, con la total incapacidad de grupos plutocráticos (G-8 o G-20) en la gobernación mundial, con problemas tan graves como Libia, Siria…

Pero, sobre todo, ¿qué previsiones hay en España al “final de ciclo”? ¿Lo mismo que en Portugal, que en el Reino Unido, que en Grecia, que en Italia… es decir, mayores recortes, más privatizaciones, obediencia total al “gran dominio” (militar, económico, energético, mediático…)? ¿Cuál es la alternativa en España? ¿Existen, de verdad, programas de soluciones posibles? Porque las “pruebas” de los gobiernos en varias Comunidades Autónomas son —por su excesivo gasto, corrupción, etc.— poco edificantes.

Creo, sinceramente, que ha llegado el momento de, con toda seriedad, alejados de las prisas y desinformaciones de tantos medios de comunicación partidistas, con responsabilidad de Estado, representando a los ciudadanos españoles que son también ciudadanos del mundo, urgidos por reponer los principios democráticos donde los globalizadores situaron pautas mercantiles, se sienten y analicen conjuntamente los grandes retos, olvidando por un momento diferencias y ambiciones, como cuando se trata de un paciente que requiere cuidados intensivos, y decidan qué puede hacerse realmente a escala local, nacional, europea y global.

Que consideren, con la objetividad que requiere el caso, de qué manera puede España contribuir a resolver los colosales problemas —alimenticios, sociales, medioambientales…— que representan el “final de ciclo” de un sistema que ha intentado —¡con cuántos “efectos colaterales” nocivos!— llevar las riendas del destino común. Y ahora —como sucedió en 1989 con el régimen soviético —se derrumba con estrépito sin que se hayan concordado, con la seriedad que exigen las generaciones venideras, las fórmulas aplicables para la construcción de un mañana a la altura de la dignidad de todos los seres humanos.

No es bueno, no es bueno ni conveniente, en momentos de grandes decisiones, de lucidez y enfoques colectivos, que “espinas” individuales enturbien la mirada hacia el futuro.

“Final de ciclo” global… ¿Y luego?

“Final de ciclo” local… ¿Principio de qué?

Ser o no ser. Esta es la cuestión…

Copyright © 2011 · Federico Mayor Zaragoza

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