Luis Martín

Cobertura mediática de Breivik: ¿el nuevo periodismo?

Disminuir tamaño de fuente Aumentar tamaño de fuente Texto Imprimir esta página

 

 

La nueva forma de ejercer la profesión que, a cambio de mayor transparencia y velocidad, expone los dilemas de siempre y los neutraliza. Éste es el retrato vivo del periodismo 2.0.

Uno de los valores añadidos del periodismo en la Red es que permite a cualquiera tener acceso instantáneo al proceso informativo de las noticias. Como si desde un periscopio virtual con vista directa sobre la redacción de un medio se tratase, el público puede seguir en tiempo real cómo la inesperada semilla de un suceso por confirmar germina en titular, al que en cuestión de minutos le brotan imágenes, declaraciones, análisis, comentarios de los lectores… En algunos casos, el periscopio de Internet nos muestra además el proceso mental, errores e incluso dilemas morales que afectan a los periodistas en la práctica de su oficio. La tragedia ocurrida el pasado viernes en Noruega, en la que 93 personas* perdieron la vida a manos de un extremista de ultraderecha, ilustra lo anterior con sorprendente nitidez.

El precio de ser los primeros


Apenas confirmada la explosión en las inmediaciones del gobierno noruego en el centro de Oslo, varios medios procedieron, ipso facto, a describir el suceso en el país escandinavo como consecuencia de un atentado perpetrado por terroristas “musulmanes”. Era el “11-S noruego”.

Desde su cuenta en Twitter, el periodista Josto Maffeo no tardaba en expresar su enfado ante el sesgado trato que a su ver algún medio español estaba dando a la aún confusa noticia:


Por su parte, el periodista del Wall Street Journal, James Taranto, se apresuraba a escribir cuatro párrafos sobre el tema en una rocambolesca editorial que comenzaba por las viñetas del profeta Mahoma publicadas en una publicación danesa hace seis años, pasando por un ‘análisis’ sobre la neutralidad política noruega en materia árabe, para finalmente concluir que, en efecto, se trataba de un castigo “yihadista”.

Editorial de James Taranto en el WSJ

Editorial de James Taranto en el WSJ (via @mattyglesias)

Minutos más tarde, Taranto se veía obligado a rectificar.

Sin duda, las primeras horas del desarrollo de la noticia de la masacre en noruega confirmó que si hay algo que Internet ha provocado en este oficio es terminar de corromper la máxima de que en periodismo “lo que cuenta no es decirlo primero, sino de decirlo bien”.

Mientras llegaba la información de corresponsales, enviados especiales y agencias, las portadas online intentaban mantener a su público enganchado con contenidos de carácter meramente especulativo. Unos y otros retroalimentaban el ángulo de fundamentalismo religioso como culpable último del suceso, primero de origen islámico y luego cristiano.

Maffeo, atento al intenso discurrir mediático, no daba crédito:


El síndrome de Breivik

Revelada la identidad del responsable de la explosión en Oslo y asesino de casi un centenar de jóvenes laboristas en la isla de Utoya, y una vez descartados los fundamentalismos religiosos, los medios se lanzaron a la búsqueda de todo lo que Internet pudiera atesorar sobre Anders Behring Breivik.


Ayer seguimos con particular interés el trabajo de dos periodistas que dedicaron buena parte de la jornada a zambullirse en el material que Breivik dejó en la Red, y a compartirlo y comentarlo desde sus blogs y cuentas en Twitter: Igancio Escolar, columnista del diario Público, y Blake Hounshell, director adjunto de Foreign Policy.

Tan pronto como Hounshell tuvo conocimiento de la localización virtual de la “Declaración de Independencia Europea” o manifiesto de Breivik, publicó un enlace directo al mismo en Twitter. A partir de ese momento, y a medida que leía las más de 1.500 páginas del documento, se dedicó a publicar fragmentos e intercambiar comentarios sobre los mismos con sus seguidores en Twitter.

Escolar hizo lo propio, pero con menor intensidad. Publicó una entrada con diversas referencias al material en su blog, así como los enlaces a las fuentes online. En medio de la vorágine informativa que los escritos y un vídeo de Breivik desataban, y a pesar de haber anunciado la existencia de dichos contenidos en la Red como “primicia en España”, el diario español 20 Minutos anunciaba su intención de “no publicar el documento íntegro ni el enlace del vídeo de YouTube por considerar que su contenido no debe ser difundido públicamente”.

Minutos después, Escolar daba marcha atrás en su línea informativa y se sumaba a la iniciativa de 20 Minutos. A través de Twitter, Escolar anunciaba que mantendría la información en su blog, pero que retiraba los enlaces. Esto fue debido, según explicaba en un mensaje posterior, a “una cuestión moral”:


Mientras tanto, Hounshell proseguía en su tarea de profundizar en todas las páginas del documento y comentar su contenido con sus seguidores en Twitter. Le preguntamos su opinión sobre la postura de autocensura que algunos de sus colegas en España habían adoptado con respecto a los documentos en cuestión. “Demasiado tarde”, nos respondió, “la información ya está ahí fuera y hay que estudiar su mente para evitar futuros ataques”.


Así, unos frenaban en seco mientras que otros pisaban a fondo el acelerador por la misma razón: el bien común de la sociedad. Los primeros, paralizados por un repentino momento de lucidez moral sobre la responsabilidad de no desvelar la patología y manual de muerte del autor de la masacre, y los segundos por el hambre de hurgar en el cerebro del asesino ya abierto al público precisamente para prevenir una nueva tragedia.

Curiosas las acciones de dos profesionales en pro del periodismo responsable. De alguna forma, ambos fueron rehenes de la noticia de mayor relevancia del momento.

De Truman a WikiLeaks

Pero, ¿es ese el trabajo del periodista?

El cronista de la realidad debe exponerla con honestidad y siempre bajo el fin último de perseguir la verdad. Salvo en el análisis editorial, las valoraciones morales sobre los hechos, por muy respetables o universales que pudieran parecer, añaden un elemento que distorsiona la noticia. Ejemplo claro es el que antes exponía: dos periodistas (de alta resonancia en sus particulares medios occidentales) actuando a favor de lo que cada uno considera es el bien común, pero en sentidos opuestos.

Desde los tiempos en los que Truman Capote publicó A Sangre Fría (acusado en su momento por algunos de glorificar a los asesinos y el crimen objeto de su novela), pasando por el escándalo de Watergate, hasta la revolución mediática de los cables diplomáticos de WikiLeaks (aún bajo repudio por quienes consideran las filtraciones como atentados a la seguridad internacional), el periodismo honesto y que busca la verdad, y sólo la verdad, resulta incompatible con la siempre subjetiva moral de cada individuo.

¿Es A sangre fría una apología al asesinato? Dudo que Truman Capote haya añadido algún cuerpo a la morgue por describir cómo piensan los asesinos de su relato del atroz crimen de Kansas, tal como creo que conocer la realidad de la guerra en Irak a través de las filtraciones de WikiLeaks sí ha resultado sumamente beneficioso para el mundo.

Afortunadamente, en era de Internet, la incompatibilidad entre distinta moral (o incluso el sesgo interesado) y la crónica de los hechos es cada vez más fácil de detectar y superar. El nuevo periodismo está “ahí fuera”, con la información abierta.

* Cifra de víctimas de la que se dispone al momento de la publicación de este artículo.

* * *

 

Creative Commons Attribution-NonCommercial-NoDerivs 3.0 Spain
Esta obra se publica bajo la licencia de Creative Commons Attribution-NonCommercial-NoDerivs 3.0 Spain.

Comparte este artículo

0 comments