Keith Weiner

Banca de reserva fraccional: la historia verdadera

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Aquí una introducción básica al modelo de banca de reserva fraccional. El autor propone que dicho modelo en realidad consiste en un juego de confianza que no funciona cuando hay estrés en el sistema.

 

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Aún prevalece una antigua y errónea idea sobre el sistema de banca de reserva fraccional.

“Naturalmente, en todo momento, la banca de reserva fraccional es insolvente de facto.

El blog “Acting Man” suele ser bastante bueno, pero publicó un artículo de Peter Tenebrarum que contenía el comentario anterior. Si existe alguna debilidad en la Escuela Austríaca de Economía, sin duda, ésta se encuentra en el asunto del sistema de banca de reserva fraccional.

El mito dice algo así: Los bancos toman 100 dólares en depósitos y conceden 1.000 en créditos, inventando el “dinero” ex nihilo. Tenebrarum no desarrolla este argumento en su artículo, ni tampoco recuerdo haberlo leído en sus piezas anteriores. Sin embargo, no se me ocurre otra forma de entender el comentario antes citado si no es así.

Reflexionemos por un momento sobre el balance financiero del banco. El ejemplo siguiente bien podría representar el balance consolidado del sector bancario en su totalidad. Sin tomar en consideración el capital de los accionistas y otros factores que complicarían este análisis innecesariamente, el banco toma el depósito:

Activos Pasivos
100 dólares en efectivo 100 dólares en la cuenta del cliente

Ahora imaginemos que el banco concede préstamos por 1.000 dólares. ¿Cómo se reflejaría esto en el balance?

Activos Pasivos
100 dólares en efectivo 100 dólares en la cuenta del cliente
Cartera de préstamos 1.000 dólares

No soy contable, ¡pero cómo es posible hacer que esto funcione!

El primer error que debemos corregir es que los préstamos de reserva fraccionaria tienen lugar cuando el banco concede menos de lo que reciben en depósitos (pero más de cero). Conceder más préstamos de lo que se recibe vía depósitos no existe.

Tenebrarum no aplica la lógica anterior, pero podemos suponer que él se refiere al hecho de que el conjunto de los depósitos en el sistema bancario (y, por tanto, la deuda bancaria) es superior a la “base monetaria” en el sistema. Para simplificar las cosas y presentarlas con mayor claridad, imaginemos la cuestión utilizando oro con reserva fraccional. En primer lugar, alguien deposita unas monedas de oro en el banco:

Activos Pasivos
100 onzas de oro 100 onzas de oro en la cuenta del cliente

Hasta aquí todo bien. Ahora, el banco concede un préstamo por una cantidad inferior a la depositada.

Activos Pasivos
10 onzas de oro 100 onzas de oro en la cuenta del cliente
Cartera de préstamos 90 onzas de oro

El banco sigue siendo solvente, y la “oferta monetaria total” no ha aumentado todavía. Pero ahora digamos que el prestatario paga 90 onzas a un constructor para que le haga una casa y éste a su vez deposita esa cantidad de oro en el mismo banco.

Activos Pasivos
100 onzas de oro 190 onzas de oro en la cuenta del cliente
Cartera de préstamos 90 onzas de oro

¿Qué es lo que ha ocurrido? Primero, el balance ha aumentado, como lo ha hecho la “oferta monetaria” en el sistema (volveremos a este punto más adelante). Pero el balance ahora muestra activos que coinciden con los pasivos, no hay evidencia de insolvencia todavía. El banco puede ser insolvente, o no.

Para profundizar en el análisis, tenemos que introducir el concepto del tiempo. Todo depósito tiene una duración (los depósitos a la vista tienen una duración de cero) y, naturalmente, cada préstamo tiene una duración o madurez.

Así que volvamos al primer depositante. Ingresó 100 onzas de oro, pidiéndole al banco que le reservara 10 onzas para retirarlas a demanda (depósito a la vista), 15 onzas a ser retiradas dentro de un año y 75 onzas en cinco.

Activos Pasivos
100 onzas de oro 10 onzas de oro en la cuenta del cliente
Cartera de préstamos a 1 año 15 onzas
Cartera de préstamos a 5 años 75 onzas

Ahora el banco concede dos préstamos, uno de 15 onzas a un año y otro de 75 onzas a cinco.

Activos Pasivos
100 onzas de oro 10 onzas de oro en la cuenta del cliente
Cartera de préstamos a 1 año 15 onzas 15 onzas en depósitos a 1 año
Cartera de préstamos a 5 años 75 onzas 75 onzas en depósitos a 5 años

El balance sigue siendo bueno y el banco es solvente. Ahora imaginemos que los prestatarios utilizan sus créditos para pagar a terceros, quienes a su vez ingresan 90 onzas de oro en el mismo banco como depósitos a la vista.

Activos Pasivos
100 onzas de oro 100 onzas en cuentas de depósito a la vista
Cartera de préstamos a 1 año 15 onzas 15 onzas en depósitos a 1 año
Cartera de préstamos a 5 años 75 onzas 75 onzas en depósitos a 5 años

Todo sigue igual, sin problemas. La madurez de los depósitos coinciden con la de sus pasivos. Este banco es perfectamente solvente. (En el “mundo real”, el banco tendría que reservar parte de su capital para hacer frente a riesgos de impagos y, naturalmente, cobraría intereses a una tasa superior a la de morosidad).

Antes de llegar al desfase en el factor tiempo, que es donde se encuentra el fraude y la fuente de la insolvencia, me gustaría subrayar el hecho que la hoja de balance del banco se ha expandido. Algunos dirán que el banco ha ampliado la “oferta de dinero”. La respuesta a lo anterior es que es un absurdo. El sistema cuenta con las mismas 100 onzas de oro. La diferencia es que se han extendido créditos. Una de las consecuencias del crédito es que figuran como activos en los libros. Para el banco, los créditos que ha concedido son activos. Estos activos tienen un valor real basado en la promesa de su pago y que pueden ser vendidos a otros bancos. Por el contrario, los depósitos son pasivos para el banco. El depositante deberá de ser pagado.

Así que lo que ha ocurrido es que el banco ha incrementado tanto sus activos como sus pasivos por la misma cantidad.

Bien, ahora examinemos préstamos a corto y largo plazo, o el desajuste de duración. Supongamos que el depositante opta por un depósito de 10 onzas de oro a la vista y 90 a un año. El balance del banco sería:

Activos Pasivos
100 onzas de oro 10 onzas en cuentas de depósito a la vista
90 onzas en depósitos a 1 año

Por el momento, el banco está bien. Sus activos son de duración cero (oro en la bóveda) y la madurez de sus pasivos (depósitos a la vista) coinciden. El oro en la bóveda es suficiente (sin tener en consideración, esto es, que el contenido de la bóveda no está generando intereses y que los depósitos han de ser devueltos con intereses). Pero digamos que el banco concede créditos por 90 onzas a 30 años, para una hipoteca, por ejemplo.

Activos Pasivos
10 onzas de oro 10 onzas en cuentas de depósito a la vista
90 onzas en un crédito hipotecario a 30 años 90 onzas en depósitos a 1 año

El banco sufre, como mínimo, de un problema de liquidez. Dentro de un año, el depositante vendrá a reclamar sus 100 onzas de oro. El banco sólo dispondrá de 10. Las otras 90 están congeladas en una hipoteca a largo plazo. El banco tendrá que hacer algo para poder pagar al depositante y evitar la bancarrota. Discutiremos esto más adelante.

Esta situación nos lleva al punto que mencioné antes sobre la “oferta de dinero”. A medida que el banco se da cuenta de que el cliente bancario reclama su depósito, una hipoteca no puede ser utilizada para pagar. El depositante quiere su oro, no un instrumento de papel.

Algo que no puede ser exagerado o demasiado enfatizado es que no es posible “inventar” dinero en el sistema bancario. Así como no es posible que 1/2 + 3/8 + 5/19 = 8/29, no se pueden consolidar depósitos a la vista con depósitos a un año con préstamos a 30.

Así que, ¿qué es lo que hace el banco cuando el depositante se presenta para reclamar su dinero? Encontrar otro depositante. Esta es una forma de “transferir” el préstamo (del primer depositante) mediante el ingreso de otro depositante. Y, en la mayoría de los casos, “funciona”. Es decir, (normalmente) los bancos pueden obtener recursos frescos para hacer frente a sus vencimientos. Existen muchas maneras de “transferir” vencimientos que no necesariamente involucran a depositantes, pero todos los bancos enfrentan el mismo problema.

Se trata de un juego de confianza que no funciona cuando hay estrés en el sistema. Cuando la gente comienza a dudar de la solvencia del banco, o del sistema bancario en general, los depositantes retiran su oro y no volverán a llevarlo al banco hasta que se sientan cómodos. La ironía es que, tarde o temprano, el desajuste causará que los depositantes pierdan su confianza.

Todo esto es básicamente una forma grandilocuente de llevar a cabo un esquema fraudulento de circular cheques sin fondo (check-kiting). La cuestión no es en realidad que el banco asuma un “riesgo”. Ni es la responsabilidad del gobierno dictar a cada cual y en cada transacción, cuánto riesgo puede uno asumir. El problema es que el banco está comprometido contractualmente con sus depositantes y, aún así, está realizando operaciones que, tarde o temprano, le impedirá cumplir con sus obligaciones. Se trata de una certeza matemática. Y que es agravada por la FDIC (Federal Deposit Insurance Corporation, agencia del gobierno estadounidense encargada de garantizar los depósitos bancarios), los rescates y la doctrina de “demasiado grande para caer” que trasladan las pérdidas de los bancos a los contribuyentes. Incluso sin bancos centrales, el problema persiste. Se trata de un factor determinante que impulsa el denominado “ciclo de negocios”, que es en realidad un ciclo crediticio de expansiones (burbujas) y contracciones (pinchazos).

Uno de los mecanismos de contracción de crédito se debe a la necesidad de los bancos de recaudar fondos que les permitan librarse de pasivos que no pueden ser “trasladados” (rolled-over). Tienen que vender activos (bonos y créditos en sus carteras). Pero uno de los principios universales de los mercados es que en tiempos de estrés, la oferta desaparece. No es una mera cuestión de que los bancos añadan mayor “oferta” al mercado y así “equilibrar” los precios a la baja. Se trata de la indisposición general a comprar este tipo de activos a ningún precio en casos extremos.

Así que los precios caen, añadiendo más estrés a los bancos pues sus pasivos siguen ahí, con sus activos en caída. Se ven obligados a vender más activos, empujándolos con ello a la baja aún más. La disponibilidad de créditos en este ambiente se reduce. Las empresas no pueden crecer, ni financiar sus producciones, y el círculo vicioso se pone en marcha.

Otro de los fraudes es que cualquier desfase en el banco obligará al mismo a maquillar sus cuentas de cara a los inversores. Los balances financieros deberán ocultar los desfases y representar que todo concuerda. He de conceder que este fraude no es necesariamente una consecuencia de los desfases en la madurez de activos y pasivos per se, pero dudo que muchos inversores adquirirían capital (acciones) de un banco si supieran que sólo son rentables cuando hace buen tiempo y que es inevitable que eventualmente sufran grandes pérdidas. (Mucho antes de que los depositantes pierdan un céntimo, los accionistas son eliminados).

¿Qué podemos concluir? En primer lugar, los préstamos de reserva fraccionaria se fundan en el principio de prestar menos de lo que el banco recibe vía depósitos. El único agente capaz de crear dinero de la nada el banco central (que debería de ser abolido).

Segundo, la reserva fraccional no necesariamente causa problemas al banco. Si un depositante desea liquidar su depósito antes de tiempo, el banco buscará un mejor postor en el mercado y le pasará la pérdida al depositante.

Tercero, no es posible consolidar los distintos tipos y vencimientos de depósitos en un banco para llegar un simple total (escala).

Cuarto, obtener depósitos con vencimientos a corto plazo para conceder préstamos a largo provocan desajustes que inevitablemente implosionarán. Esto no es una cuestión de probabilidad. Al igual que una falla geológica, se puede tratar de evaluar la probabilidad de un evento destructivo tenga lugar o no en un determinado año, pero la catástrofe, tarde o temprano es segura. Cuando una empresa, a sabiendas, participa en una actividad que por naturaleza está garantizada a hacer que el incumplimiento de sus obligaciones, está actuando de mala fe. Dicha empresa no tiene intención de cumplir con sus obligaciones en el largo plazo, sólo en el corto plazo cuando le es posible hacerlo.

Por último, la banca de reserva fraccional es una de esas cuestiones en las que existe una profunda falta de entendimiento en los círculos de la Escuela Austríaca. Esto se ve agravado por la escasez de información acerca de los desajustes en las amortizaciones (sólo sé de trabajos del profesor Antal Fekete, y por supuesto, de algunos de sus estudiantes como yo que hemos escrito al respecto) y a la proliferación de información falsa sobre el tema. Recomiendo a cualquier persona interesada en este asunto (que deberían ser todos los estudiantes de la Escuela Austríaca) que lean las obras de Fekete para profundizar e ir más allá de lo que yo lo he hecho en este artículo.

Copyright © 2011 · Keith Weiner

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Traducido al español y publicado con autorización de Keith Weiner.
Translated and published by kind permission of Keith Weiner.
Enlace a versión original del artículo (en inglés)

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