Federico Mayor Zaragoza

Es apremiante reforzar a la ONU como máximo interlocutor ahora… y no después!

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Bandera de la ONU

Insisto en este tema porque, desde hace tiempo, los países “hegemónicos”, apiñados en el G-8 o G-20 han fracasado estruendosamente -¡a qué precio de vidas y sufrimientos!- en el ejercicio de unas funciones que sólo las Naciones Unidas, apoyadas por todos los países sin excepción, podrían llevar a buen término, demostrándose su capacidad no sólo resolutiva sino preventiva.

Sobre todo, preventiva… porque la “marea virtual” -lo he escrito muchas veces y reescribo ahora- ya no se detendrá. Después de -o durante- los países árabes vendrán los países hoy acosados por los “mercados”, que siguen impidiendo, con una economía de especulación, corrupción y guerra, la realización de las políticas sociales por las que tantos años hemos luchado.

Prevenir, esclarecer los confusos horizontes actuales -porque se ve que nadie manda “democráticamente” en el mundo y que la plutocracia está abocada a una inmediata desaparición- para que, en poco tiempo, las asociaciones regionales (EE.UU., EU, Liga de Países Árabes, OUA, UNASUR…) vuelvan a tener sentido y espacio en un mundo que ahora necesita recuperar sin demora los valores éticos y ejercer sus responsabilidades sociales, medioambientales, alimentarias… antes de que los oprimidos y marginados, que desean la transición de la fuerza a la palabra, no desesperen y decidan, ellos también, utilizar la fuerza.

No es posible seguir en el desconcierto que reflejan las siguientes informaciones de estos días:

“Los países del Golfo negocian la inmunidad para el presidente yemení”, (artículo de Ángeles Espinosa en “El País”, 22 de abril). ¿Qué países? ¿Qué garantías para los insurgentes? ¿Quiénes pueden respaldar estos acuerdos?…

“La estrategia de la OTAN en Libia” (artículo de Enrique Vega en “Público”, 22 de abril). La operación Protector Unificado pretende no sólo impedir el triunfo militar de Gadafi sino, especialmente, que no aumente el territorio que actualmente controla… con especial atención a Bengasi, sede de las compañías petroleras, que deben seguir exportando crudo. “Proteger a los civiles”, dice la Resolución de las Naciones Unidas. ¿Incluye a los civiles “rebeldes” o sólo a los “no combatientes”?…

– “Gadafi propone” -Laura L. Caro, en “IDEAL” de 21 de abril- “comicios libres en seis meses si la OTAN pone fin a la operación militar”… ¿A quién lo propone? ¿Cuáles son los cauces diplomáticos utilizados y su veracidad?…

“Siria simula una apertura democrática”, de Enric González en “El País” de 20 de abril…

Todas estas noticias nos llevan a reafirmar el convencimiento de que es absolutamente imprescindible que, con toda celeridad, se llegue a un interlocutor válido con el apoyo de todos los países, especialmente los que más se han distinguido en sus empeños “globalizadores” en los últimos años.

Está muy claro que no se aceptarán más agencias de calificación al servicio de “el gran dominio” ni se seguirán comprando productos de países que, olvidando su pasado solidario, se erigen ahora como “puristas étnicos”, como sucede en el caso de Finlandia.

Sólo juntos, aunque muy diversos, podremos cambiar el curso de los acontecimientos. Sólo las Naciones Unidas. Sólo con una renovada autoridad, particularmente moral, se podrán regular los flujos financieros, eliminar los paraísos fiscales y ordenar el espacio supranacional, hoy poblado de siniestros traficantes que actúan en la mayor impunidad.

No permitirán que países que ahora acusan al dictador libio, con razón, sigan -con la mayor sinrazón y codicia irresponsable- llenando los arsenales de armas de “última generación” de otros “potenciales” autócratas.

Juntos, podemos. La respuesta urgente es: Naciones Unidas.

Copyright © 2011 · Federico Mayor Zaragoza

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