Federico Mayor Zaragoza

Antes era la amenaza de los golpes de Estado. Ahora de los golpes de “mercado”

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Antes era la amenaza de los golpes de Estado. Ahora de los golpes de “mercado”
—Leonel Fernández, Presidente de la República Dominicana

 

Los golpistas tradicionales, aunque con frecuencia azuzados desde el exterior, son locales y se les conoce o pueden ser identificados. Frente a ellos es posible adoptar medidas preventivas y correctoras, por bien urdidas que estén sus acciones.

El “mercado” en cambio, es un poder sin rostro. Es fruto de una gran cesión de atribuciones —no sólo económicas— en procesos de privatización que tan ponderados han sido por los voceros y beneficiarios de la globalización como el remedio de todos los males y han resultado ser, cuando se han excedido en magnitud y competencias, males de muy difícil remedio. Poder sin rostro y sin arraigo, tentacular, que representa al “gran dominio” (financiero, militar, energético y mediático), que acosa a la democracia e impide una política social, con maniobras especulativas inadmisibles, sin la pretendida regulación y desaparición de paraísos fiscales, marginando a las Naciones Unidos (grupos plutocráticos G8… G20, con la Organización Mundial del Comercio situada directamente fuera del ámbito de la ONU) y actuando con total impunidad en el espacio supranacional (tráficos de toda índole, mafias, pabellones “ficticios” en barcos mercantes, deterioro medioambiental descontrolado…).

En resumen: Estados débiles y “mercados” fuertes.

Si no se acomete resueltamente una refundación del Sistema de las Naciones Unidas, dotándole de la representatividad y autoridad que es ahora más necesaria que nunca; si no se realizan en la Unión Europea rápidas acciones de emancipación y tienen lugar los “esfuerzos creadores” a los que aludía Robert Schumann en 1950; si no se procede con prontitud y eficacia a propiciar Estados fuertes y asociaciones regionales compactas y solidarias… la deriva del mundo será imparable.

Y es que no se pueden sustituir impunemente los valores de justicia social por el interés mercantil; no se puede gobernar eficazmente desde la dependencia y sumisión frente a la insaciable voracidad de los “mercados”.

Que nadie se engañe: mientras no se enderecen radicalmente las tendencias actuales a escala planetaria, las promesas de crear empleo y propiciar bienestar a los ciudadanos hoy tan atribulados serán pura demagogia para encaramarse en el poder… y, al día siguiente, seguir sometidos a los “golpes de mercado”.

Crear empleo, ¿cómo? ¿Ajustando todavía más —como pide de nuevo la Unión Europea a Grecia, al borde de la quiebra y de la revolución? ¿Recortando también más el empleo público y las grandes obras de infraestructura? ¿Privatizando todavía en mayor grado las últimas empresas estatales devenidas económicamente eficientes? ¿Vendiendo incluso —en África, en el Egeo— territorio?

O los Estados reaccionan de una vez y ponen orden y plazos en lo que haya que cambiar; eliminan el lavado de dinero; ponen en marcha sus propias agencias de calificación y observatorios a escala regional; confieren autoridad moral y fuerza real al Sistema de las Naciones Unidas… o los Estados irán sucumbiendo a los “golpes de mercado”, de los que nos advierte lúcidamente el Presidente Leonel Fernández.

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