Amy Goodman

WikiLeaks y el fin de la “diplomacia” estadounidense

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WikiLeaks difunde nuevamente un tesoro de la información; esta vez en forma de cables diplomáticos, documentos clasificados por el Departamento de Estado de EE.UU. El sitio Web en cuestión hace sonar las alarmas al declarar que “se irán difundiendo más de 250.000 de estos documentos en los próximos meses para que puedan ser analizados y obtener la atención que merecen”. Los cables diplomáticos contienen las comunicaciones internas entre embajadas de EE.UU. en todo el mundo, así como comunicados al Departamento de Estado estadounidense. WikiLeaks describe la nueva entrega como “el mayor conjunto de documentos confidenciales expuestos al dominio público y que reflejan una visión sin precedentes sobre las actividades del gobierno de EE.UU. en el exterior”.

Los críticos sostienen, como lo hicieron antes con las filtraciones de documentos secretos sobre Irak y Afganistán, que hay vidas humanas en peligro como resultado de las filtraciones de WikiLeaks. Sin embargo, es factible que ocurra lo contrario y que en realidad algunas vidas puedan ser salvadas, puesto que ahora más que nunca la diplomacia estadounidense está más expuesta, haciendo valer la sentencia del legendario periodista I.F. Stone: “los gobiernos mienten”.

Tomemos el caso de Khaled El-Masri. El-Masri fue secuestrado en Macedonia como parte de un programa secreto de la CIA en los que las personas son secuestradas por el gobierno de EE.UU. y luego enviadas a otros países donde pueden ser sometidas a tortura. El-Masri fue retenido y torturado en una prisión secreta de Afganistán durante meses antes de ser abandonado por la CIA en una carretera desierta de Albania, y a pesar de que la CIA había reconocido mucho tiempo atrás que había capturado al hombre equivocado. El-Masri, ciudadano alemán, buscó justicia en los tribunales de su país, y parecía que 13 agentes de la CIA podrían resultar imputados. Seguidamente, la embajada de EE.UU. en Berlín intervino, amenazando, de acuerdo a un cable, con que “la emisión de órdenes internacionales de detención tendrían un impacto negativo en sus relaciones bilaterales” con Alemania. Nunca se presentaron cargos en contra de los acusados en Alemania, lo que sugiere que la amenaza diplomática estadounidense resultó ser efectiva. Los 13 agentes, sin embargo, todavía afrontan cargos en España, donde los fiscales gozan de cierta libertad a pesar de las presiones políticas.

O al menos eso pensábamos. De hecho, España también ocupa un lugar destacado en los documentos filtrados. Entre los cables diplomáticos difundidos por WikiLeaks destaca uno con fecha del 14 de mayo de 2007, escrito por Eduardo Aguirre, un banquero conservador cubano-americano nombrado embajador de EE.UU. en España por George W. Bush. Aguirre escribió: “por nuestra parte, será importante seguir insistiendo sobre el caso Couso, en el que tres militares norteamericanos se enfrentan a cargos por la muerte en 2003 del camarógrafo español José Couso durante la batalla por Bagdad”.

Couso era un joven operador de cámara de la cadena de televisión española Telecinco. Se encontraba filmando desde el balcón del Hotel Palestina en Bagdad el 8 de abril de 2003 cuando un tanque del ejército de EE.UU. abrió fuego contra el hotel lleno de periodistas, causando la muerte de Couso y de otro camarógrafo de Reuters. El embajador Aguirre estaba tratando de neutralizar la demanda presentada por la familia de Couso en los tribunales españoles.

El embajador de EE.UU. también intentó presionar al gobierno español para abandonar un caso que sentaría precedenstes en contra del ex secretario de Defensa Donald Rumsfeld y otros funcionarios de la administración Bush. En esa misma nota, Aguirre escribe: “el viceministro de Justicia también dijo que el gobierno [de España] se opone firmemente a un caso presentado contra el ex secretario Rumsfeld y trabajamos para conseguir que se desestime. El juez implicado en este caso nos ha dicho que ya ha iniciado el proceso de desestimar el caso”.

Estas revelaciones están sacudiendo el gobierno español, pues estos cables muestran claramente los intentos de EE.UU. de influir sobre el sistema de justicia español.

El embajador Aguirre dijo al diario español El País hace varios años, “yo soy fontanero de George Bush. Yo voy a resolver los problemas que George me dé.”

En otra serie de cables, el Departamento de Estado de EE.UU. instruye a su personal en todo el mundo y en la ONU para espiar personas, y, sosprendentemente, obtener información biométrica de otros diplomáticos. El cable señala: “la información debe incluir las direcciones de correo electrónico, números de teléfono y de fax, huellas dactilares, imágenes faciales, de ADN y escaneos de iris”.

WikiLeaks aún mantiene su relación con un grupo internacional de medios de comunicación social: The Guardian en Gran Bretaña, El País en España, The New York Times en EE.UU., la revista alemana Der Spiegel y el diario Le Monde de Francia. David Leigh, editor de investigaciones de The Guardian, me dijo: “no hemos visto nada todavía”, literalmente, con casi un cuarto de millón de cables todavía sin difundir públicamente.

El analista político, reconocido lingüista y profesor del MIT, Noam Chomsky ayudó a Daniel Ellsberg, el primer “chivato” de los Estados Unidos, a filtrar los “Papeles del Pentágono” hace 40 años. Le pregunté a Chomsky acerca de los últimos cables publicados por WikiLeaks. “Lo que esto revela”, reflexionó, “es el odio profundo a la democracia por parte de nuestros dirigentes políticos”.

Copyright © 2010 · Amy Goodman

Denis Moynihan colaboró en la producción de esta columna.

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Publicado con autorización de “Democracy Now!”
Published by kind permission of “Democracy Now!”
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