Peter Schiff

El presidente de la Reserva Federal que se tragó una mosca

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Peter Schiff

Peter Schiff

Si bien es cierto que la Historia suele repetirse, los patrones siempre deben de estar separados por una generación o dos para mantener las cosas respetables. Por desgracia, en el mundo económico de hoy parece que los ciclos se cuentan por meses.

El 24 de julio de 2009, mientras la Reserva Federal lanzaba su primera campaña de flexibilización cuantitativa (ahora denominada “QE1”, en referencia a la reclasificación que tuvo lugar tras la Guerra Mundial y cuyos acontecimientos posteriores fueron aún más desastrozos), el presidente de la Reserva Federal, Ben Bernanke, escribió un artículo en el Wall Street Journal para calmar las crecientes preocupaciones sobre el exceso de liquidez. En su artículo, Bernanke aseguró a la opinión pública que la Fed tenía una “estrategia de salida”.

En una respuesta titulada “Sin salida para Ben”, desmonté el farol del presidente Bernanke. Entonces expliqué que la Reserva Federal no tenía estrategia de salida alguna, y que, en realidad, Bernanke estaba tratando de engañar al mercado bajo la creencia de que con la flexibilización cuantitativa no se buscaba una monetización de la deuda.

Apenas 16 meses más tarde, Bernanke vuelve a la carga escribiendo otro artículo para defender su nueva ronda de “flexibilización cuantitativa” (“QE2”). Sin embargo, esta vez, en lugar de insistir sobre una estrategia de salida, Bernanke se limita a subrayar el camino para ampliar su receta a perpetuidad.

En los últimos meses, los economistas de la Reserva federal se han esforzado mucho para decirnos lo que ha mejorado la economía en comparación con el primer semestre de 2009. Si la noticia es tan buena, ¿a qué viene el cambio de política? ¿Podría ser que la prolongación indeterminada de “flexibilización cuantitativa” era su único plan?

¿Debemos esperar a otro artículo en el que Bernanke intente asegurarnos que “QE3” no inundará de liquidez el mercado? ¿Cuánto tiempo más puede la Reserva Federal seguir con este juego antes de que el público y los mercados se den cuenta de lo que realmente está ocurriendo?

La razón por la que yo sabía que “QE1” sería un fracaso y que la Reserva Federal carecía de una estrategia de salida (más allá de rondas de flexibilización adicionales), es que el remedio resulta totalmente erróneo de principio. Si el predecesor de Bernanke, Alan Greenspan, hubiese emprendido una política monetaria prudente nunca habríamos llegado al punto de desesperación que hizo de la flexibilización cuantitativa una opción aceptable. Sin embargo, lo hicimos, y la preconcepción curativa que Bernanke tiene de la economía le impide tomar la decisión correcta. Ahora estamos atrapados en un círculo vicioso de gasto, endeudamiento y flexibilización.

En su más reciente artículo, Bernanke más bien prevé un “círculo virtuoso” en el que QE2 estimulará el incremento de los valores corporativos que, a su vez, incentive a “impulsar la riqueza de los consumidores y a aumentar su confianza”. Este efecto, sostiene Bernanke, “estimulará las inversiones que resultarán en mayores ingresos y ganancias” que finalmente “apuntalarán la expansión económica y promoverán la creación de empleo”.

A pesar de la devastación que produjeron los pinchazos de burbujas anteriores (la de la bolsa en 1999 y la de los inmuebles en 2008), Bernanke aún cree en las virtudes del bombeo de dinero. Así, su política actual no es otra que hinchar otra burbuja en el mercado bursátil para curar la recesión que ocasionó el pinchazo de la burbuja inmobiliaria; que en su día no tuvo otra lógica que contrarrestar los efectos del pinchazo anterior de los valores tecnológicos. ¿No les viene a la mente la historia de la anciana que se tragó la mosca? Luego trató de tragarse un caballo y ya sabemos cómo terminó. Es difícil saber quién es más culpable de seguir este patrón: Bernanke por venderlo o el país por comprarlo.

Transcurridos 16 meses desde que Bernanke aseguraba que “QE1” no pondría en peligro la estabilidad de los precios, los cereales han incrementado un 40%, el zumo de naranja concentrado ha subido un 45%, el oro y el arroz un 50%, el maíz un 55%, el café el 60%, el cobre el 70 %, el azúcar un 90%, ¡y el algodón y la plata hasta el 100%! (los perezosos valores industriales del Dow Jones “tan sólo” han subido un 30%).

La semana pasada, Kraft Foods reportó un aumento del 26% en sus ingresos en el tercer trimestre. Sin embargo, debido a la aguda alza en los costes de material, sus beneficios cayeron un 8,5% durante el mismo período. Si Bernanke está en lo correcto cuando augura que los precios al consumo se mantendrán bajos, entonces la única fórmula que permitiría que las acciones de Kraft subieran sería que el mercado le asignara un PER más elevado a pesar de que ésta obtenga resultados más bajos. Uno puede desear que esto ocurra, pero no creo que esa sea una apuesta inteligente.

Dado que el “QE2” también presionará el dólar a la baja frente a monedas extranjeras, las empresas que exportan a los EE.UU. se enfrentarán al mismo problema que Kraft. Si nuestros proveedores extranjeros no incrementan sus precios, la debilidad del dólar debilitará sus ganancias. Mi parecer es que ni las empresas extranjeras ni las nacionales asumirán el impacto y pasarán el coste a sus consumidores. De esta manera, el incremento de los precios afectará el mercado de la calle y no sólo el bursátil.

Mucho se debate sobre si se han de extender o no los recortes fiscales de Bush, pero nadie parece estar preocupado por la continuación de las virtuales subidas de impuestos de Bernanke. Para el asalariado típico estadounidense, el impuesto que supone la inflación neutralizará con creces los beneficios de los recortes fiscales en la declaración de la renta. Por su parte, los ahorradores y los jubilados serán los más afectados si los dividendos de sus activos siguen disminuyendo y el poder adquisitivo de su capital se erosiona.

En realidad, la flexibilización cuantitativa producirá exactamente lo contrario de los resultados esperados. En el corto plazo, puede crear la ilusión de crecimiento económico y creación de empleos en el sector servicios, pero una vez que el “QE” termine, el crecimiento económico y la creación de empleo se desvanecerán. Entonces, lo más probable es que la Reserva Federal intente apagar el fuego una vez más con otra ronda de “QE” inflamable, creando un infierno mayor y menos manejable. Esperemos poder cambiar estas políticas antes de que la economía sea reducida a cenizas.

Copyright © 2010 · Peter Schiff

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Traducido al español y publicado con autorización de Peter Schiff.
Translated and published by kind permission of Peter Schiff.
Enlace a versión original del artículo (en inglés)

 

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